Esto es del Diario IV (Martes, 2 de noviembre, de 1965):
Hoy he estado atribulado. La sombra de ese pleito, de ese proceso, me ha abrumado largamente. Confío. A ratos parece que Dios no se preocupa por minucias, pero se interesa por todo, y cualquier duda sobre su minuciosa atención, sobre su delicada misericordia, es perjudicial para nuestra confianza en Él. Hay que recordar que cuando le pedimos, nos oye, aunque a nosotros nos parezca que lo que pedimos no merece su atención. Todo merece su atención, todo. No nos deja ni por un instante. Si tuviéramos nuestra confianza en la medida de su cuidado, nunca nos sentiríamos huérfanos. Pero ya dijo que no nos dejaría huérfanos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario