martes, 7 de abril de 2026

Diario IV de José María Souvirón

He llegado pesaroso al final de este volumen, porque se me están acabando los Diarios de José María Souvirón: solamente me falta el quinto ya. A él lo veo ya como alguien cercano, a base de leer sus confidencias, pero sé que murió en 1973 y que le queda poco de vida. 

Este volumen IV abarca desde finales de 1965 a principios de 1969, cuando él tenía entre 61 y casi 65 años. En ciento modo me está preparando para años que yo tengo por delante, si Dios quiere, pero tendencialmente con actitudes que encuentro ya en mí, a mis 58 años: un mayor despego, un deseo de más serenidad, de paz, un miedo a novedades y un temor difuso a dificultades que pudieran ir surgiendo: está como anunciando una vejez que se acerca, por más que pensemos ahora que no somos tan viejos y que los que lo son realmente son los de ochenta y tantos.

En cierto modo todo lo que cuenta lo leo como una novela, en el mejor sentido de la palabra. El personaje, tan bien perfilado, hasta intuyo en qué momentos va a correr peligro. En este volumen el mayor riesgo es su cercanía creciente a Felicidad Blanc, la viuda de Leopoldo Panero: como lo conocíamos como hombre que en otros momentos de su vida había estado flirteando con mujeres cercanas, pero con la decisión de no pasar de un límite, por saberse casado ante Dios con su mujer chilena, pasamos miedo de que se precipite en un impulso que sabemos erróneo, no solamente desde el punto de vista del matrimonio católico -y Souvirón es uno de esos hombres mártires de la indisolubilidad- sino hasta del de la sensatez más de tejas abajo: una vida tan hecha no pega con unos amoríos de vejez, que de ningún modo podrían encajar en su modo de vivir. Es interesante ver cómo, paralelamente, su práctica religiosa llega a su punto más bajo en este volumen. Como advertencia, menciona él mismo a otra mujer con la que estuvo tonteando años antes, que descubre ahora, por una confidencia, que estuvo perdidamente enamorada de él y que por suerte pudo superar aquello, que para él fue un tontear egoísta en el fondo, y casarse con otro.

Me ha resultado tremendamente interesante la descripción de la descomposición progresiva del régimen. Describe muy bien cómo algunos que se habían beneficiado del sistema empiezan a ponerse de perfil a la espera de lo que vendrá. Es especialmente interesante, al menos para mí, la descripción de la situación de la Iglesia y de la vida religiosa en esos años. Me parece que da un contexto clave para lo que a mí me resulta un gran enigma: de dónde surgió la revolución del 68, un misterio de larguísimas consecuencias que cuajó en estos años.

También merecería la pena una investigación más detallada sobre lo que cuenta de la vida literaria de la época, con especial protagonismo de la literatura hispanoamericana. Es muy fino también en sus comentarios de cine y también al hablar de música clásica.

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