lunes, 7 de septiembre de 2020

Qué raro verano

Estuve diez días en Olbeira, al lado del mar, pero casi sin salir de la finca. Fuera de eso, todo ha sido como una línea plana: pocas novedades, sensación de monotonía, de repetición, de que no pasamos página. Yo al menos, no. Podría sacar ánimos de pensar que ya estoy inmunizado (supuestamente) del coronavirus, pero de qué me sirve, si los demás no lo están.

He vuelto a oír mucha música clásica. Ahora me estoy abriendo a músicos franceses entre el XIX y el XX, de los grandes: Debussy, Ravel, Fauré. Ya me gustaba Berlioz. También me llevo grandes alegrías con Beethoven cada vez que descubro algo suyo que me gusta: va a ser que lo que son sus Sinfonías, especialmente la 5ª y la 9ª lo que me encocora: qué insufrible del Himno de la Alegría; no consigo entender qué lo hace (supuestamente) tan hermoso.

Leer he leído cosas aburridas. Ya hasta me da vergüenza mencionarlas. Quizá otro día. 

No recuerdo buenas películas. Si que me gustó 1917, aunque la proeza técnica tiene el riesgo de hacernos acabar estando en un videojuego. Pero había algunos encuadres maravillosos, un ritmo trepidante y la emoción justa en cada momento.

Por agosto releí lo que había escrito aquí de mis días del coronavirus y me dieron literalmente ganas de llorar al ver lo confusamente que estaba todo expresado. Cuando reúna fuerzas, lo revisaré: ahora mismo estoy demasiado hundido en mi ego de escritor. Pero aquí me tenéis, haciendo el ridículo ahora conscientemente.

4 comentarios:

  1. "va a ser que lo que son sus Sinfonías, especialmente la 5ª y la 9ª lo que me encocora: qué insufrible del Himno de la Alegría; no consigo entender qué lo hace (supuestamente) tan hermoso."

    Yo tampoco soporto las músicas más conocidas de Beethoven, el primer movimiento de la Quinta, el último de la Séptima, el Himno a la Alegría de la Novena (e incluso sus conciertos para piano, demasiado escuchados durante años).

    Pero hace 7-8 años me invitaron a un concierto de la Novena en la sala de la Opéra de la Bastille, con la orquesta y los coros de la Ópera parisina, dirigidos por el excelente Philippe Jordan (hijo de otro excelente director, Armin Jordan). Fui arrastrando los pies y pensando aburrirme, pero salí muy, muy impresionado, sobre todo por el Himno final. Es una música que pone la piel de gallina escuchada en directo (por grandes intérpretes y en una gran sala, claro). La "masa" de sonido es tal, que anula todo juicio estético. Y se siente físicamente la emoción que flota en el aire, producida por el público, una electricidad que estalla al final del concierto.

    Hay músicas que no "caben" en el disco, y la Novena es una de ellas (recuerdo también la violencia impresionante del Segundo movimiento, la cantidad de energía que parecía generar dirigido por ese joven director, que es uno de los mejores de la nueva generación).

    En Galicia hay una excelente orquesta regional, dirigida por otro joven director que a mí me ha gustado mucho en los conciertos que le he visto dirigir en Youtube : Dima Slobodeniouk.

    Un ejemplo : los Pinos de Roma, de Respighi, sobre todo su celebre cuarta parte, "La Via Appia" (a partir de 17 min 30):

    https://www.youtube.com/watch?v=zBFSI-x2ETY

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  2. "Ikiru", de Akira Kurosawa, cuenta la historia de un hombre que, ante la certeza de su muerte, decide hacer algo de provecho con su vida. Quizá te gustaría verla.

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    1. Me gustó mucho Ran; seguramente esta también me gustará: me la apunto, gracias.

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