miércoles, 4 de enero de 2017

Mia madre

Vimos Mi madre, de Nanni Moretti y la disfrutamos un montón los que nos metimos en una película como esta, que te está advirtiendo continuamente que te salgas de ella y reflexiones sobre el cine y la vida y acabes en lo más central: el amor, en este caso el de una madre (y la actriz que lo hace es inmensa - y es profesora de latín, para redondear), a la que no consigue alcanzar la hija directora de cine protagnosita, en la que se esconde Nanni Moretti, que aparece como su hermano.

Aquí sueña con la cola del cine de una película suya (por fin "lograda"), en la que se encuentra a su madre, su hermano (Nanni: que la anima a romper con algunos tics de estilo) y ella misma de joven:


Todo está enlazado: la grabación de la película y la película más viva que la película, en la que se meten sin avisar escenas de sueños o simplemente no realistas. Es un drama (con momentos duros, de verdades arrojadas a la cara, a lo Bergman) y es una comedia con momentos muy graciosos. Todos los personajes son golpeados, pero todos son queridos.

John Turturro borda una parodia de su imagen pública y artística:


y llega al culmen en este baile con una del equipo de filmación:


La siguiente escena reúne todo: la vida, el humor, la creación artísitica. Justo aquí la directora no consigue que sea "real" una escena, Y sale la frase, que se repite varias veces, de que los actores deben estar "junto al personaje", no "ser el personaje":


Y en esta última escena están las dudas creativas del autor, la crítica al cine "comprometido", el retrato conmovedor de la madre, la contaminación del realismo con otros elementos (en la rueda de prensa se superpone la contestación "oficial" a la que realmente quiere dar; los periodistas acaban hablando todos a la vez, con un fondo de música de Arvo Pärt). Y una frase: "Me fastidia la retórica".

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