viernes, 15 de julio de 2016

Rompamos un bulo




[una cripta en san Andrés, entre freak y creepy, que dicen los yanquis]

Yo ya había estado una vez, pero mis amigos habían caído bajo el sortilegio de san Andrés de Teixido, ese bulo, pero de gran fuerza hipnótica, de que «vas de muerto si no vas de vivo» y volví con ellos. A ver si dan puntos dobles para no quedar eternamente atrapado en la Santa Compaña.
Lo que de hecho logré fue una carta que me llegó ayer informándome de que si pago pronto, sólo (con acento) me soplarán 50 euros por ir a la delirante velocidad de 106 km/h en un tramo en que ponía 90 (busco: este es el sitio, el túnel del Sartego en Fene - sartego es sarcófago, je). Pensándolo, los 200 euros en total que me han quitado en 20 años de conducción dan una media de 10 euros anuales, que bien mirado es poco si se aprende la lección de que no te puedes fiar del todo de papá Estado, por muy hegemónicamente socialdemócratas que seamos en la piel de toro. Ya digo: barato al final.

Por la costa norte hacía un día invernal que no lo levantaban ni los caballos salvajes que vimos pastando ni los tremendos acantilados.
Para el recuerdo, los calamares a la romana en el Kilowatio de Cedeira (íbamos por el marraxo, pero fueron los calamares los que se llevaron el gato al agua).

Tiré de móvil, busque en el navegador Monfero y nos llevó por un sitio fiplante, con la grandísima emoción -y creciente- de que habíamos llegado al fin del mundo y que acabaríamos muertos allí. En el medio de ninguna parte nos dijo el móvil que habíamos llegado. Seguimos dos kilómetros, por hacer algo, y había un bar, que eso sí que fue flipante. Nos explicaron que por allí el GPS no tira mucho, pero el hecho es que ya estábamos cerca.

Monfero es un monasterio abandonado casi del todo, que solo tiene el encanto de la intensidad de la humedad del verde en las paredes y la altura de la nave central de la iglesia (restaurado estaría bien, aunque mejor en todo en Galicia, me parece que es el de Sobrado):










El día estaba gafado. Ya ni siquiera El Pasatiempo de Betanzos levantaba el tono:





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