jueves, 20 de marzo de 2014

La República como novela y como teatro

He caído en la cuenta de que no hay que buscar los antecedentes de la novela en esos tostones conocidos como "novela griega" (Longo, Heliodoro y amigos): en los diálogos de Platón está la novela, viva, entera y verdadera, una novela con personajes históricos y con la verdad de la buena como tema, que eso es la ficción.

También vi información de un libro que explora la influencia de Platón en el teatro contemporáneo. Claro, sí, claro que sí.

Se lo conté a Suso, que me envió estos textos de George Steiner (La poesía del pensamiento):
Mi intuición «inocente» (el indulgente epíteto de Quine) es ésta: el Sócrates de Platón es una construcción literario-dramática sin par. Ni Hamlet ni Fausto, ni Don Quijote ni el capitán Acab superan la prodigalidad psicológica, las características físicas y mentales, la «presencia real» del Sócrates de los diálogos, animado por una vida casi inagotable.

De todas las formas es la del diálogo la que más se aproxima a aquellos ideales de pregunta y refutación, de corrección y reprise prescritos por Platón en su crítica de la escritura. El diálogo pone en ejecución la oralidad; sugiere, incluso en la escritura, posibilidades de una espontaneidad y un juego limpio antiautoritarios. Así pues, este género desempeñará un papel señero en la filosofía occidental.

1 comentario:

  1. Mucho aprecio al Sócrates de los diálogos platónicos, y a su creador, indudablemente un grandísimo escritor. Pero la comparación con Shakespeare, Cervantes et alii la encuentro fuera de lugar. El Sócrates platónico es básicamente un razonador. En Hamlet o Don Quijote hay algo más que la razón; algo que Antonio Machado declaraba preferir a ella ("yo me quedo con el piso de abajo"), y que en cualquier caso permite al inglés o al español iluminaciones acerca de la condición humana que se diría alcanzan su mismo fondo, y que por su propia naturaleza están vedadas al Sócrates platónico, que en comparación con los personajes de aquéllos resulta demasiado unilateral. Sabemos bien qué piensa; de lo que siente (que no es lo mismo que lo que piensa acerca de sus propios sentimientos) sabemos mucho menos, comparándolo en ese dominio con Hamlet o Don Quijote.

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