domingo, 16 de mayo de 2010

Es-ta-ba la pas-to-raaa

Vino la Pastora de Saint Pancras Church hasta donde estaba yo sentado, a darme en mano el programa del Lunchtime Recital*. Y se lo agradecí infinito. Parecía una mujer excelente y seguro que hace una labor comunitaria excelente. Iba con sotana y alzacuellos, aunque cura no es, por más que se vista de seda -negra.
Y cantó el coro de la iglesia -mimaaa, qué bien cantaban- canciones de la Ascensión.
El martes, al pasar, vi que estaba previsto un concierto del London Festival of Contemporary Church Music, y estuve. Y madre mía, qué bien cantaba el coro (todos, ellos y ellas, ensotanados). Y si oís la grabación** de fondo quizá os llegue mi silencio expectante; no me movía, pero me iba fijando en cosas de la Iglesia: la bandera británica, una vidriera en la que descubro a Santiago peregrino, un púlpito, imágenes de santos, incluso un supuesto sagrario con una vela encendida al lado.
Y daba un poco de pena que cantasen tan bien: con esta música tendrán un poco más difícil descubrir la Iglesia Católica, en la que no hay mujeres buenas con alzacuellos y sí que hay curas enfermos, pero curas que traen a Cristo al altar. Y puestos a intentar entender este misterio de que Cristo eligiera sólo a los varones para el sacerdocio, se me ocurrió algo: san Pablo dice que Jesús se anonadó. Y quizá su mayor anonadamiento, ya que se hacía humano, fuera hacerse varón, porque las mujeres -y esto es un hecho incontrovertible- siempre son mejores.

*si lo pongo en español (Concierto de la hora del bocata en la Iglesia de san Pancracio) no parece tanto.
**lo transmitió en directo la BBC3 -y si queréis oírla os quedan solo siete días.

7 comentarios:

  1. Toma, te metes con cosas fuertes. Ahí, ahí: duro.
    Me encantan tus crónicas.

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  2. Hace un tiempo que sigo este blog por las entradas tan interesantes que contiene. La de hoy me ha impactado de manera especial, no sólo por lo bien escrita que está -eso es lo habitual- sino por el tema que plantea...
    ¡Cuánto me gustaría el reencuentro con los hermanos de la "¿pérfida?" Albión, separados por los excesos de un monarca con demasiados "apetitos"!
    Gracias.

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  3. Me imagino que al decir que con esta música tendrán un poco más difícil descubrir la Iglesia Católica, te refieres a que nosotros en Misa cantamos "música del oeste", como dice Ernesto Halfter.

    Tienes mucha razón. Yo escucho nuestro maravilloso repertorio litúrgico cuando limpio mi habitación.

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  4. Gracias por los elogios: los agradezco y me ayudan.
    Y el tema del no sacerdocio femenino es gordo, claro, y por eso merece la pena pensarlo (y me refiero no a pensarlo a la zapateresca, sino a fondo, aunque me parece que por mucho que se piense no se va a resolver -porque no se puede resolver, porque no es un derecho.
    Son admirables los anglicanos, pero con unos himnos tan hermosos tienen dificultades, mientras que muchos católicos, al menos en España, no tienen belleza externa a la que agarrarse; y muy bueno lo de la "música del oeste".

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  5. Qué magnífica y redonda entrada te ha salido. Cómo me he reído con la buena pastora de la iglesia de San Pancracio, escuchando como música de fondo la cancioncilla que da título a la entrada de hoy. Y qué profundo todo lo que dices, especialmente lo de que el sacerdote, aunque "enfermo", nos trae a Cristo; cómo me he acordado de esto leyendo recientemente "El poder y la gloria" de Graham Greene, impresionante novela sobre un sacerdote pecador.

    Lo que no me convence mucho es el argumento de la cenosis y San Pablo para explicar el no-sacerdocio femenino. Y es que no me creo, en definitiva, que las mujeres seamos mejores ni peores. Es un tema que tiene mucha enjundia, pero que tal vez se resuelva, como apunta Vittorio Messori, mirando a María. Y es que los protestantes, se pongan como se pongan, no tienen Madre; tal vez por eso tengan otros problemas.

    En definitiva, que genial entrada. Enhorabuena.

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  6. Mis discos del Padre Vitoria están cantados por el Coro de la Catedral de Westminster.

    En cuanto a la "música del oeste", no era a Halfter a quién se lo oí decir, sino a Rafael Frühbeck de Burgos en una entrevista en Radio Clásica.

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