viernes, 22 de febrero de 2008

State of affairs

Parece que la higuera quiere empezar a echar brotes: las puntas de las ramas se están abriendo y han aparecido puntitos a lo largo, a intervalos.
Las hortensias también se despertaron: muchas hojas en las que plantaron el año pasado y menos en las antiguas.
Narcisos en el arriate de las rosas, ordenados el año pasado en hileras, como las cebollas, y este a su aire. Las flores miran al suelo; caigo en la cuenta de que el mito puede ser por eso: pones narcisos junto a un estanque y ya está.
Los rododendros sacan sus ruedas de flores entre rosas, violetas y rojas.
Al lado del Auditorio están en todo su esplendor, pero nuestras azaleas son perezosas.
Los agapantos están mucho más lustrosos, a la espera de su periscopio de flores; en cambio, las gardenias siguen igual, preparándose para sus efímeras flores blancas.
El camelio, remiso todavía.
Y no tenemos ni cerezos, ni ciruelos, ni manzanos, pero los veo por toda la ciudad, que es una fiesta, este increíble año de sol.

4 comentarios:

  1. Que sensibilidad,eres un gigante de la jardineria.

    Un abrazo,Álvaro

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  2. Suerte de vivir en una ciudad tan llena de flores. Qué bonitas palabras, rododendro y agapanto...

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  3. Sí que son preciosos los nombres. Piensa uno quién sería el primero en llamarla así: "rododendro", cómo sería esa persona, con cuánta atención miró la flor, y qué sentido poético y qué buen oído...

    Y la azalea perezosa también es preciosa.

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  4. Poesía pura, esta entrada. A mí también me encanta el nombre de los rododendros, y me encantaría escribir una novela, cuento o algo que se llamara así: el jardín de los rododendros. Y adoro los cerezos, los almendros, y los naranjos de mi ciudad, y los arces japoneses del campus de Navarra, y los hayedos de Maestu, y las palmeras de la Isla de la Palma... los árboles.

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