martes, 14 de abril de 2026

La belleza no caduca

Del Diario IV de José María Souvirón, a propósito de una planta que ve crecer entre el Colegio Mayor Cisneros, donde vivía, y el Colegio Mayor Colombiano, en la Ciudad Universitaria de Madrid:

El otro día, al pasar por el erial que hay entre este colegio y el Colombiano, lo vi, de súbito (como si creciera a mi vista) cubierto de verdor apretado, de florecillas blancas y amarillas. Lo primero que me sorprende es ver salir esa vida de semejante tierra: un baldío duro, reseco, erosionado, con el suelo agrietado como la piel de un cocodrilo muerto, y con algunos papelajos, pedruscos, ladrillos rotos y basura. Hoy no se ve nada de esto último. Fijándome, he descubierto algún cascote entre la yerba, que lo cubre y protege. Y en seguida he pensado que ya se acercan los calores, y que todo verdor perecerá. No por ello he dejado de llenarme los ojos, golosamente, ansiosamente, con esa vida, pero en lugar de pedirle -sin resultado, claro está- duración, le he atribuido constancia. Que vuelva, y que llegue una vez en que toda la naturaleza, ya sagrada -y no menos natural-, no necesite para conmoverme o seducirme de su caducidad. Que ni el invierno ni el verano quiten y pongan, sino que todo . Y con esto me he sentido más feliz, más seguro, que pensando en el pasajero vivir de eso que hoy es pradera y ayer -y mañana- baldío (94).

1 comentario:

  1. ¡Uf, cómo me reconozco en ese gusto por el reverdecer y florecer primaveral, intenso y efímero, de los descampados madrileños!

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