Al llegar, cincuenta minutos después, extendí el paraguas en la ducha, dejé el abrigo colgando al lado para que chorreara a gusto, me quité las botas y me cambié de pantalones, porque estaban empapados.
Había salido por Basquiños y la Pastoriza. Crucé en rojo el paso hacia la Avenida de Castelao y la bajé entera hasta Vista Alegre. Seguí por Galeras, subiendo luego por el Pombal: el carril de bicis que nadie usa era más ridículo que nunca bajo esa lluvia persistente e inclemente. Al llegar a Porta Faxeira me dirigí ya de vuelta por el Toural a Orfas, Calderería, el Preguntoiro y la Algalia, evitando los traicioneros chorros de las bajantes rotas, especialmente en la casa desalojada de los okupas, y el río de agua que corría por el medio de la calle. Ya solamente quedaba san Roque y santa Clara y el objetivo del día estaba cumplido: casi una hora andando a buen paso. Mi endocrino estaría contento, espero, si me viera. Desde agosto persevero en ello, para mi propio asombro.
Noviembre, diciembre, enero y la primera semana de febrero lloviendo. Venga, ya queda menos.

«... el Preguntoiro».
ResponderEliminarLo había interpretado casi al pie de la letra. He leído luego que se relaciona con sitio done se leían o se recitaban pregones.
El Preguntoiro es una de las calles más céntricas de Santiago, la que continúa la que sale en la foto
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