Perdimos las tres partidas de parchís este fin de semana en Burgos, habiendo podido claramente ganar las tres. Fue uno de los puntos más bajos de mi trayectoria parchisesca, tremendo: derrota por la mínima, victoria cantada que al final se estropeó con un modo tremendo de remontar la partida de las supuestas derrotadas, otra partida al final también frustrada. Todo mal.
Yo me acordaba de que tenía preparado este texto sobre el tute que os pongo ahora:
He leído Cómo se hace una novela de Miguel de Unamuno, que es un libro que él en un momento describe como una caja que contiene otras cajas y al final es una caja vacía: me cuadra que le guste a los teóricos de la literatura, porque hay mucha reflexión sobre la novela y la vida, sobre leer y leerse y leer para vivir y vivir para leer. Uno de los elementos recurrente es el de los naipes, del juego del solitario pero también hay una defensa del tute, escrito desde el destierro en Hendaya:
(...) gusto de jugar todas las tardes, después de comer, el café aquí, en el Grand Café de Hendaya, con otros tres compañeros, y al tute. ¡Gran maestro de vida de pensamiento el tute! Porque el problema de la vida consiste en saber aprovecharse del azar, en darse maña para que no le canten a uno las cuarenta, si es que no tute de reyes o de caballos, o en cantarlos uno cuando el azar se los trae. ¡Qué bien dice Montesinos en el Quijote: “paciencia y barajar”! ¡Profundísima sentencia de sabiduría quijotesca! ¡Paciencia y barajar! Y mano y vista prontas al azar que pasa. ¡Paciencia y barajar! Que es lo que hago aquí, en Hendaya, en la frontera, yo con la novela política de mi vida -y con la religiosa-: ¡paciencia y barajar! Tal es el problema.


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