viernes, 5 de junio de 2020

Sigamos celebrativos

Ayer salí de Santiago por primera vez en tres meses. Fue una delicia: estuve en Ribeira, Palmeira y en Boiro, en concreto en un lugar que hay allí que se llama Egipto (o Exipto, con una placita en la que han puesto una minipirámide).
Vi el mar, que no echo de menos, porque nunca he vivido cerca, pero que me alegra siempre ver. Muy azul, muy limpio, como el cielo.
Estaba Galicia a reventar de verdes, de flores, de verdura y de verduras, también de frutos y frutas, como estas manzanas todavía pequeñas:


Podría haber hecho un publirreportaje para que viniese todo el mundo este verano, pero ya se encarga el BNG de decir que no son bienvenidos los de fuera. Si hablamos de «relato», qué bien les cuadra: los de aquí, sumisos y buenos - pero Rego tenía que haber visto las bandadas de adolescentes autóctonos amontonándose entre ellos en Ribeira ayer-, mientras que los «de Madrid» van metiéndose subrepticiamente en la bucólica paz, portadores de una peste mortal. No es un mensaje sólo de aquí: en el pueblo de Burgos de donde es mi madre también han lanzado mensajes así a los «veraneantes»: ante el miedo no hay bucólica que valga.

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