lunes, 23 de marzo de 2020

Por Italia 84 - Florencia 60 - Una capilla de limosnas

El último día en Florencia, tras visitar el cenacolo de Andrea del Castagno y el Bargello, me iba volviendo cuando, yendo como iba por Via Dante, al lado de la Badia Fiorentina, donde vio por primera vez a Beatrice, me encontré con una capillita, que justo estaba abierta.


[de wikimedia]

Era el Oratorio dei Buonomini di san Martino, diez buenas personas que hacían una caridad escondida: mirad lo que ponía en este cepillo: Limosine per li poveri verghognosi di s. Martino.
Es decir, que también había pobres vergonzantes en Florencia. Todos los manuales de literatura e historia del Siglo de Oro español nos engañaron haciéndonos creer que eso de los pobres vergonzante era característico de España, por una excesiva preocupación por la honra el desprecio del trabajo por las ínfulas nobiliarias: en todas partes cuecen habas, cosa previsible por otro lado:


En la inscripción de arriba ponía:
Cada vez que uno hace limosna a los pobres vergonzantes de la obra de san Martín adquiere dos mil ocho años y otras tantas cuarentenas de indulgencia concedidas de cinco Sumos Pontífices como pago de su breve existente en la dicha Obra


Era una capillita mínima, pero resulta que estaba llena de frescos que representaban escenas de la vida de san Martín y de las obras de misericordia, atribuidos a alguien del taller de Ghirlandaio. En la cabecera estaba este busto de san Antonino, atribuido a Verrocchio, nada menos:


Los frescos eran muy bonitos, ingenuos, no una maravilla prodigiosa, pero bonitos, sí:
ç















Mirad aquí mejor las escenas, que están muy bien.

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