martes, 29 de mayo de 2018

Los primeros supernumerarios

Acaba de salir otro número de Studia et DocumentaRivista dell’Istituto Storico San Josemaría Escrivá.
Está siempre muy bien hecha. Yo ya he leído «Los primeros supernumerarios del Opus Dei. La convivencia de 1948». Gran artículo [en pdf lo tenéis aquí].
Lo de «supernumerarios» es un término que no acaba de entenderse. Lo sacó san Josemaría de la terminología académica: había profesores numerarios, agregados y supernumerarios, todos miembros del claustro de profesorado, pero algunos, los supernumerarios, con menor dedicación de tiempo, aunque tan profesores como los demás. Yo creo que con eso se entiende el porqué del nombre, que tiene la ventaja además de no tener ninguna connotación ni clerical ni del estado religioso. Esto no lo entendieron (ni lo entienden) muchos, que identifican a los supernumerarios con las órdenes terceras de los religiosos, como una especie de asociación piadosa o cofradía sin importancia real, frente a los «jefes». En este artículo, si algo destaca, es la seguridad de los supernumerarios de saber que lo suyo es una vocación.
Se habla de la primera reunión de san Josemaría con los que acabaron siendo los primeros. Hay muchas anotaciones, algo telegráficas, sobre su predicación de esos días: tremendamente interesante me pareció, por ejemplo, esto, tan vívido:
«Jesús, de tribunal en tribunal, silencioso. Frente a esto, tantas lenguas sucias –incluso de católicos oficiales– tanta murmuración. El terrible momento de la coronación de espinas. Él se encorva. Son mis miserias las que se clavan. Nuestra poca caridad. Finalmente, en la Cruz, solo, clavado como un bicho. Por sus sentidos exteriores e interiores recibiendo dolor. Vayamos en su busca para descenderlo y clavarnos nosotros en la Cruz»
O esto sobre la oración:
Sencillez en la oración. Niño que decía: Viva Jesús, viva María y viva mi tía. Niño que llama a la puerta de su padre con la mano, con el pie, con todo el cuerpo. Y el padre sale con intención de reñirle, pero al verlo, lo abraza. Así nosotros en la oración a Jesús. Invoquemos a María, a José, a nuestro Ángel, para que nos ayuden. No debemos dejar ningún día la oración. Un Jefe del Estado tiene su guardia y unos consideran hacerla un honor y otros se la pasan pensando en la novia. Nosotros hemos de considerar un honor ese rato de guardia, de oración y estar el tiempo exacto, aunque en la media hora hayamos mirado cuarenta y dos veces el reloj. Si hemos tenido voluntad de hacer oración, habremos ganado mucho.
Los datos biográficos de todos ellos forman un retrato bien interesante.

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