miércoles, 30 de mayo de 2018

Enseño el Obradoiro gratis

Bueno, sólo lo enseño a amigos y a los lectores de este blog que me demuestren que lo son (por medio de un hábil interrogatorio donde comprobaré si me siguen con constancia). Digo todo esto porque -como en casi todo en este país sustancialmente socialdemócrata- también hacer de guía en Santiago está regulado: hay que hacer un examen y que te incluyan en una reducida lista. Si vas con unos amigos enseñándoles el Obradoiro y te otean, pueden denunciarte. Así que haré visitas gratis a amigos, pero a poquitos e iremos camuflados como paseantes descuidados.

Todo esto porque me he leído un librito de Alfredo Vigo, Catedrático de Arte en esta Universidad, sobre la fachada del Obradoiro, que me ha interesado, iluminado y entretenido una barbaridad. Ahora creo que ya estoy preparado para reducirlo a una explicación de diez minutos que os dejaría con la boca abierta y sensación de haber aprendido y de apreciar todavía más por qué esa fachada, tan rara por otro lado, es tan fascinante.

Yo me apunté esto:
Sin serlo absoluto, la fachada recoge la lección gótica en el ascensionalismo y la desmaterialización de las paredes. El renacimiento está en los salientes de los lados, con ecos de los arcos del claustro de Gil de Hontañón sobre la capilla del Portal (y sobre la capilla paralela que hicieron por simetría). El plateresco, con ejemplos muy interesantes de un libro de Arfe, se ve por todas partes, especialmente en la decoración de las columnas. El maneriesmo es fascinante verlo en láminas de libros nórdicos de arquitectura. Por último, la arquitectura efímera, esos arcos triunfales de exaltación de reyes, está de referente claro aquí.

Pero le cedo a él la palabra en este párrafo tan inspirado:
Casas lo concibió como un verdadero espectáculo de arquitectura. Cargó el acento, cómo no, en la imperiosa necesidad que había de iluminar el interior, por lo que fue preciso convertirlo en una especie de desmaterializada estructura en la que imperan los vanos, todos muy amplios, y los enormes cierres de cristal que así se convierten en protagonistas activos de la fachada. De hecho, filtran la luz hacia el interior y, a la vez, lo reflejan en el crepúsculo hacia la plaza como si actuasen como auténticos espejos. Cumplen, así, un papel funcional a la par que estético; hasta el punto de que se les puede considerar auténtico y colosal "transparente" que aspira a hacer brillar con sus reflejos dorados el tono sobrenatural que se quiso dar a la arrogante fachada. Y por este motivo es por lo que todo su complemento arquitectónico y decorativo se basa sinfín literalmente amontonados, en estatuas exentas que se recortan contra el cielo, en vibrantes perfiles que subrayan la idea de ascensión y en columnas superpuestas que, finalmente, con su sentido expresivo de vertiginosa infinitud, parecen catapultar de modo simbólico la imagen del Apóstol hacia lo alto a fin de otorgarle un aire y tono triunfal verdaderamente apoteósico. No de otro modo ha de entenderse, pues, el papel que cumplen los distintos complementos, porque por mucho que delaten una misión decorativa, persiguen, de hecho, un contenido emocional. Su papel es conducir nuestros ojos literalmente hacia los cielos donde transcurre la percepción de otra "realidad" de tipo trascendente



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