lunes, 30 de abril de 2018

Las cocktail parties como síntoma

Quizá lo que más me interesó del libro último de memorias de Elias Canetti, apuntes parciales de su tiempo en Inglaterra, es la descripción que hace de las fiestas (las cocktail parties) que hacían en los tiempos de la Guerra relámpago, de ahí el título, Party im Blitz (en inglés: Party in the blitz. The English years aquí me he encontrado un montón de datos sobre el libro, con reseñas y de todo: es brutal). El título español es anodino Fiesta entre las bombas: sí, tenían fiestas en casas particulares, tediosas, tal como las describe, en las que el objetivo era una especie de cercanía y a la vez un escrupuloso esfuerzo por evitar la comunicación.
Es lo que me repele más del mundo anglosajón, en concreto británico, esa cortesía que tapa la frialdad, esa educación pensada para el respeto que puede salvaguardar el egoísmo. Algo de eso creo que se percibe en el caso del pobre niño Alfie Evans: lo cuidan, lo atienden, pero son implacables cuando deciden que ya no hay más que hacer. Y lo cruel es el modo en que impiden que sea llevado a otro sitio. Todos se ponen de acuerdo: no dan su brazo a torcer. Les falta ese plus de esfuerzo para intentar algo más. Les falta el cariño.

Cosas así describe, a otro nivel, Canetti:
El de la distancia es uno de los principales ejercicios de los ingleses. Evitan acercarse. No quieren, no deben acercarse. Para protegerse, la persona se envuelve en hielo. Hacia fuera se quita importancia a todo. Por dentro se tirita de frío.
La vida social consiste en vanos intentos de aproximación. Son tan tímidos como valiente es el individuo. Y lo es de verdad, porque sabe que está muy solo.
En el fondo, los ingleses se echan atrás ante todo el que viene de fuera: temen de él lo peor, que se salte las distancias. (...)
Para el inglés el control de sí mismo y la calma son los únicos medios legítimos para dominar la vida. (39-40)
Sobre las parties:
Era un requisito indispensable que se reunieran muchas personas en un espacio más bien exiguo; han de estar casi apretujadas, pero de tal modo que eviten rozarse siquiera. Se trata de estar los unos muy cerca de los otros pero sin revelar nada importante de sí mismos. Nada debe llamar la atención. Eres uno entre muchos. El que es algo especial, ha de ocultarlo cuidadosamente. (...)
Se puede preguntar mesuradamente, si se evita toda indiscreción. No se debe preguntar ni con demasiada intensidad ni con demasiada insistencia. Detrás de ello se esconde el conocimiento certero de la naturaleza de la pregunta, que es un instrumento de poder. Las personas que contestan con excesiva solicitud a preguntas sobre su trabajo son tachadas de forasteras y poco consideradas socialmente, aun cuando tengan grandes méritos (79-80).
Esto último me recuerda, no sé por qué, a Galicia.

Otro párrafo:
Yo no tenía ni idea de cuánta soberbia se ocultaba detrás de su modestia. La soberbia está tan enraizada en los ingleses que a menudo ni se nota. Son los verdaderos artistas de la soberbia (82).
Ya se ve que Canetti se quedó más ancho que largo con esto que escribió. No se dejó dentro nada, claramente. Yo lo pongo aquí porque creo que es una crítica pertinente, no sé si excesiva, pero real.

4 comentarios:

  1. En algunas cuestiones estoy de acuerdo con los ingleses. El cuidado y la moderación en el preguntar, dentro del trato social, son inseparables de la cortesía. En toda pregunta interesada existe una búsqueda de información que no siempre es pertinente.
    Saludos.

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    1. El problema que señala Canetti en los ingleses que describe es que en realidad no tenían interés en las respuestas; o mejor, no querían implicarse en lo que suponía la respuesta.
      En Galicia he aprendido a valorar el arte de preguntar para no forzar una respuesta que me puede beneficiar, porque obtengo información o porque adquiero poder sobre alguien con ello. El problema de las "parties" era que eran un ámbito mínimo de socialización pero sin interés alguno por los demás, en opinión de Canetti. No querían saber, explica, a qué se dedicaba: no es que quisieran adquirir información sobre él o conseguir algo de él, es que no querían saber nada de él.

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  2. Canetti no me parece un observador muy fiable. Está claro que no podía penetrar al interior de esos parties de Oxford, Cambridge y el resto de la élite cultural y social inglesa. Él, un centroeuropeo de lengua alemana (me refiero a la lengua en que escribía, pues hablaba bien inglés), no les interesaba nada. El juego lo jugaban entre ellos y a él solo se le permitía un rol de espectador. De ahí su despecho. Por otro lado, no todos los ingleses estaban en esos parties. Otro tipo de ingleses de la élite social y cultural estaban dando tumbos por el mundo, aprendiéndolo todo de esos países que habían adoptado tras rechazar al propio. Canetti de esos no habla. Tampoco de los ingleses de clase media o clase trabajadora, que no cuentan para él.

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    1. Sí, en ese libro Canetti abandona toda pretensión de objetividad. Es como un mundo aparte de sus libros de memorias. Aquí aparece como desatado. Muchas cosas suenan a ajuste de cuentas, aunque, qué bien escritas. El retrato demolador de iris Murdoch es a la vez brillante, por ejemplo.
      Quizá todo esto que escribe sirva, aparte de retrato de sí mismo, de muestra de una determinada élite que si pecaba de algo era de superficialidad.
      Yo no conozco Gran Bretaña como para afirmar nada, pero me llamó la atención lo que he puesto porque creo que refleja por un lado una imagen que tengo de ellos, fría, egoísta, incapaz de comunicación y al final cruel y soberbia. Sobre todo es una imagen también de nuestro mundo contemporáneo. Yo leo lo de Canetti y me duelo por la meidda en que yo, espero que no totalmente, me veo reflejado en ese retrato.

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