martes, 23 de enero de 2018

Jerusalén 39 - los ortodoxos

Cerca del Santo Sepulcro está  la glesia bizantina de san Juan Bautista.


Patriarcado greco-ortodoxo de Jerusalén. Sagrado Monasterio de Juan el Precursor y Bautista (Hellenorthodoxon Patriarcheion Hierosoymon. Iera Mone Ioannou tou prodromou kai baptistou en transcripción mala).



La iglesia estaba llena de iconos, la mayoría nuevos:


Otros tenían más pedigree, pero tampoco sabes si realmente eso es lo que estabas buscando. Los ortodoxos no tienen en absoluto la noción de «historia del arte», así que es bobada plantear si un icono es «bonito» o no:


Es como dieciochesco malo, pero en icono, que es todavía peor (esto lo digo yo, lleno de anteojeras histórico-artísiticas).


Como siempre, el abigarramiento como marca de fábrica.

Casi entrabas y ya te recibía una monja gritona, que exigía que apoquinases algo en el cepillo. No le tengo mucha simpatía a los ortodoxos, la verdad (no sé si se nota). Creo que me siento ante ellos como los anticlericales de aquí al ver a un cura: los miro con distancia y, ay, que estamos en la semana por la unidad de los cristianos y yo reconociendo esto. Bueno, por algún sitio hay que empezar.

En el patriarcado greco-ortodoxo intentamos hacer durante esos días una gestión de un manuscrito y nos marearon de mala manera durante días: unos impresentables.

Un día en el Santo Sepulcro vi a algunos de sus jefes (o jefecillos, que no sé):




Menos mal que había unas chinas (o japonesas o coreanas o lo que fueran) que le daban otro color a la escena:



Al final de la estancia allí volví a la Catedral ortodoxa rusa (la primera visita la conté ya hace tiempo):






Estaban un rato de pie y el archimandrita (o lo que fuera) seguía con sus oraciones, mientras las monjas iban apagando velas.

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