viernes, 29 de septiembre de 2017

Jerusalén 14 - El Museo de Israel 1

Gran museo, sobre todo en la parte arqueológica. Lo etnográfico me pilló cansado y la parte de arte me pareció muy floja: muchas donaciones de ricachones yanquis de pinturas modernillas, pero poca sustancia.



Nada más entrar, me di con un mosaico muy interesante, de Bet Shean, por donde pasamos camino de Tiberiades, del VI d. C., que representa arriba a las sirenas y Ulises. Aquí las sirenas:


Este es Ulises, atado al poste:


Pero mirad mejor en este enlace. Y lo siguiente, lo de los pájaro, primero en este otro.





Y en medio de los pájaros la inscripción dedicatoria en griego. Está el candelabro de siete brazos porque es un mosaico de un edificio judío:


En esta otra parte está el dios Nilo. Veis el nombre "Alexandria":


A la izquierda esa especie de torre es un medidor de la altura del Nilo, con letras giregas que son números:


[Entre paréntesis, había uno muy parecido en la iglesia de la multiplicación de los panes y los peces, en el mar de Galilea

]


Y, ya puestos, pongo aquí este otro mosaico del Museo, de una iglesia cristiana:

jueves, 28 de septiembre de 2017

Jerusalén 13 - La piscina probática

Borrosa es la relación del lugar de la piscina probática (o de Betesda) con el lugar del nacimiento de la Virgen, pero ahí está una iglesia de los cruzados, entre románica y gótica, la más elegante de Jerusalén (la competición no es muy fuerte), junto a las excavaciones de esa piscina donde lavaban las ovejas (próbata - πρόβατα) y donde los enfermos esperaban a curarse. Parece que fue una sensación cuando la descubrieron, porque los famosos cinco pórticos que dice el evangelio que tenía resultó que allí estaban. Esto es una reconstrucción de la gran Maqueta de Jerusalén que está en el Museo de Israel:




Pero en la realidad nada se conseguía distinguir. Yo saqué fotos, pero por deporte, por ponerlas aquí:


La Iglesia donde se conmemora el Nacimiento de la Virgen, ya digo, tenía elegancia y prestancia, a falta de más:




A la puerta había una inscripción en griego muy chula, donde habla de un "diácono de la Probática":

[de wikipedia]
En las dos últimas líneas podéis leer ΔΙΑΚΟΝΟΥ ΤΙΣ ΠΡΟΒΑΤΙΚΙΣ (la eta se pronunciaba como i y por eso la confunden, en vez de poner ΤΗΣ ΠΡΟΒΑΤΙΚΗΣ). En la primera línea pone ΘΗΚΗ ΔΙΑ[ (tumba ...) y en la segunda yo leo ΕΡΟΥΣΑΛΜΟΣ (¿algo sobre Jerusalén?)

Pero para haceros una idea del sitio este vídeo, del Christian Media Center de los católicos de Tierra Santa, es excelente:


Cuando estuve en Londres volví a pararme en el maravilloso cuadro de Murillo (que se llevaron del Hospital de la Caridad de Sevilla los franceses) con el episodio de Jesús que cura allí al paralítico:



miércoles, 27 de septiembre de 2017

Los árboles portátiles de Jon Juaristi

Los árboles portátiles, una imagen a la que le saca mucho partido (Juaristi es un genio también de los títulos) trata del viaje de varios popes de la intelectualidad francesa a América en 1941. Yo a Juaristi le leo todo. A veces es más aburrido (por ejemplo en su Autobiografía, más bien fallida), pero siempre aprendo una barbaridad con él, que es un escritor descomunal, dueño de todos los recursos en grado superlativo.
Leí una reseña de uno al que le resultaba muy molesto el tono del libro, un ensayo que podríamos calificar sin problemas de sesudo y erudito pero que está lleno de chistes (algunos conscientemente malos), referencias autobiográficas y digresiones más eruditas todavía.
Comprendo que no sea un libro para todo el mundo, pero a mí me ha interesado muchísimo y en algunas partes creo que lo he leído hasta sin respirar. Algún problema de riego me ha debido de quedar como secuela, pero es que tenía la boca abierta leyendo sobre los gabinetes artísticos decimonónicos o sobre las divisiones políticas de los judíos franceses en el siglo XIX y se me olvidaba cerrarla, asombrado ante tanta interesantísima erudición, que acababa enlazando a Claude Levi-Strauss con Tintín o recuerda que las ferias en Bilbao son «las barracas» (en Burgos decíamos lo mismo) o va introduciendo comentarios de texto incisivos y felices.
A mí el surrealismo como movimiento no me interesa nada. En realidad lo detesto, en literatura y en arte, pero aquí me he tragado un montón de páginas sobre André Breton. También el estructuralismo me queda lejos, aunque era el movimiento rey cuando yo estudiaba. Y lo que cuenta de Levi-Strauss es también muy aleccionador. Eso es el libro, irse a los primeros años cuarenta y ver a los popes estructuralistas, surrealistas, marxistas de varias obediencias cociendo lo que seguimos padeciendo a diario.



martes, 26 de septiembre de 2017

La otra burbuja bancaria

Iba a cortarme el pelo, iba a llegar cinco minutos antes de lo fijado y estaba en la plaza de Cervantes así que decidí dedicarlos a ver la exposición de obras de la colección de arte contemporáneo de la fundación, que se llama Afundación (sic, como amoto y arradio), de Abanca, el banco que se quedó con las cajas de ahorros gallegas tras la debacle.
No tenía muchas expectativas y todavía la realidad fue peor. Eran grandes cuadros de por lo menos dos por dos metros, si no el doble. Pasé ante los Tapies, Oteiza, Chillida, Millares, Alcolea etcétera asombrado de que sigan colgándolos en paredes como obras de arte: esa burbuja, la del arte contemporáneo pagado por la «obra social» de las cajas de ahorros, también debería estallar en algún momento.
Ponían alguna frase en las paredes. Yo le hice una foto a esta:

A mí dejadme en la superficie, que no soy digno de llegar a las profundidades a las que llegó Lucio Muñoz.

Esta otra frase creo que vomité al acabar de leerla:


Y me fui a cortar el pelo.

lunes, 25 de septiembre de 2017

Jerusalén 12 - El Cenáculo


[esta foto, de wikimedia]

Si hay un sitio importante en Tierra Santa, además del Calvario y la tumba del Señor en el Santo Sepulcro (y Belén y Nazaret) es el Cenáculo, lugar de la Última Cena y de varias apariciones de Cristo Resucitado. Podéis leer esto para que comprendáis algo de la trascendencia de este sitio.

En el siglo XIII un tipo de Tudela, llamado Benjamín, se equivocó de cabo a rabo y dijo que ahí estaba la tumba de David. Ahora hay una sinagoga debajo: vimos rezando a los típicos judíos de tirabuzones, con movimientos rítmicos, en el lugar de la planta baja donde seguramente ocurrió el lavatorio de los pies. En el piso superior está la habitación donde tuvo lugar la Última Cena. Es de los franciscanos, pero con todos estos líos propiciados por el de Tudela, el lugar está en una situación irregular. Es un edifico gótico tardío con restos de cuando los musulmanes lo hicieron mezquita. Es muy pobrecillo:



A mí lo que me hundió definitivamente fue ver al fondo esta escalera tan cutre con esa puerta metálica tan cutre, que da paso nada más y nada menos que a la sala donde los apóstoles reunidos con la Virgen recibieron el Espíritu Santo como lenguas de fuego en Pentescostés, donde nació la Iglesia:





Por esa ventana tan cutre se entrevé la sala de Pentecostés:


Yo, por ponerme a tono, pensaba que es muy apropiado que el abajamiento del Señor toque también a los lugares donde estuvo, que su padecer por nosotros en la historia se manifestase también en la historia de destrozos de los sitios donde estuvo. A contrario, el supuesto sitio donde Mahoma salió volando con un caballo es la Mezquita de la Roca, con su cúpula de oro reluciente.

Se me ocurría también a propósito de no encontrar nada hermoso en esos sitios donde estuvo el Señor, de no ver nada de arte, precisamente una definición de arte, porque justamente allí no lo echaba en falta. La he ido afinando y esta la versión 2.3 (espero sugerencias):
Arte es lo que nos ayuda a recordar a Cristo cuando no lo tenemos presente

viernes, 22 de septiembre de 2017

Oxford 3 - Oriel College

Resultó que uno de los días en Oxford era de visita para los nuevos alumnos, para que escogieran College. Aproveché para visitar gratis Christ Church y antes Oriel, al que estuvo vinculado John Henry Newman de un modo u otro entre 1822 y 1845.
Estuve en la capilla, donde él rezaría tanto, y luego seguí a un grupo y vi una habitación de las que enseñaban: Entre 1200 y 1400 libras al mes las menos caras (aquí, los detalles). Un padre le preguntaba a su hija, escocido, que dónde estaban las más baratas. Pero se les veía a los padres muy orgullosos, no es para menos: tener un hijo en la cima del mundo académico.

En la capilla estaba esta lista de capellanes:


Esta era la capilla


Sobre su historia, en este enlace.

jueves, 21 de septiembre de 2017

Jerusalén 11 - El Complejo Ruso

El Russian Compound está al lado del barrio ultraortodoxo y no lejos de los etíopes y de Notre Dame, que es el "complejo católico" más o menos contemporáneo, también en principio para facilitar peregrinaciones. Son esas cosas que hacen tan extraño Jerusalén, tan microcosmos en lo espacial y también en lo temporal: ese barrio ruso es del siglo XIX, con la primera expansión fuera de la ciudad antigua, cuando Palestina todavía pertenecía al imperio turco.
Yo, después de ver a tantas familias ultraortodoxas paseando por las calles vacías del shabbat, me encontré la Catedral Rusa abierta. Como ves, era un pelín rechinante, pero bueno, bien:


[de wikimedia]

Había algún tipo de rito: el pope / obispo o lo que fuera estaba con el evangeliario arriba, con las puertas del iconostasio abiertas. En una esquina, un sacerdote confesaba, de pie, a la gente que se iba acercando. A las mujeres les cubría la cabeza con una especie de estola. Mientras, unas monjas (al menos eran mujeres con hábito, todo negro, con la cabeza cubierta con un velo también negro y luego una especie de corona negra por encima) cantaban una salmodia muy bonita, que acunaba, como de palomas.


photo: Roman Kriman, JerusalemShots.com [entrad ahí: tienen muchas fotos muy buenas]

Esta foto la pongo porque recoge muy bien lo que vi. El rito arriba, la gente de pie, monjas yendo y viniendo por ahí (estas están detrás de las flores: se pasaban el tiempo limpiando: filtrando la arena donde se incrustan las velas, quitando algunas, ordenando otras).

La segunda vez que fui allí el pope hacía la señal de la cruz con un pincel en la frente de la gente. Luego ellos con la palma de la mano se extendían por la cara el óleo, que eso me imagino que sería.

miércoles, 20 de septiembre de 2017

Oxford 2 - Escolanías y escolaníos

El último día en Oxford, vi que había Vísperas en la ahora Christ Church Cathedral, antes santuario de santa Frideswide, patrona de Oxford a la que Enrique VIII y sus amigos tiraron por ahí (vamos, tiraron sus reliquias, que ella estaba tan contenta en el cielo: el problema fue para ellos). Ahora han reconstruido la tumba, literalmente cenotafio (ceno = vacío / tafio = tumba) y dejan allí que se celebre la Misa católica: qué bien,
A los anglicanos les ha quedado casi sólo la música. Pero qué música. Cantaron el Nunc dimittis, dedicaron veinte minutos a cantar el salmo 78.



Eran 14 niños, de voces celestiales (y no me corto en decirlo así), y seis adultos. Ninguna niña. Yo me acordaba del intento que hay ahora en Santiago de revivir una Escolanía de la Catedral. Como no tienen criterio, o quizá es que estén atenazados por el igualitarismo, la han abierto a chicos y chicas. Resultado: un coro en un 99% de chicas adolescentes abúlicas o demasiado pequeñas y dos niños que están allí claramente porque les han obligado sus padres.

Pero oíd un ejemplo aquí para comparar. De llorar.

martes, 19 de septiembre de 2017

Jerusalén 10 - Mea Shearim

El primer sábado ya en Jerusalén me acerqué al barrio de Mea Shearim, que estaba cerca: quería ver cómo es el Shabbat para los hasidim, los judíos del este de Europa que acabaron siguiendo a rabinos carismáticos y que continúan vistiendo como hace dos siglos. Sí, esos que llaman «ultraortodoxos».

Lo que vi primero fue a un grupo de chavales con la vestimenta característica (y las da igual el calor que haga, visten igual que en Vilna o Lodz en pleno agosto, en Jerusalén) que gritaban «Shabbes» a los coches. Unos soldados mantenían las cosas en sus justos límites:



Yo me acerqué a un grupo que estaba enfrente y le pregunté a uno que se estaba fumando un pitillo. Eran la oposición: judíos liberales que no debían tener nada mejor que hacer que tocar las narices a los ultraortodoxos encendiendo pitillos (algo prohibido en shabbat) en sus narices. Y habrá que preguntarse quiénes son los frikis ahí.

En donde estábamos resultó ser la calle de los Profetas, el primer ensanche de Jerusalén a finales del XIX, con su barrio etíope y casas de ingleses: una era nada más y nada menos que la del prerrafaelita Holman Hunt. Y así vamos de ilusión en ilusión.



Por allí me metí en Mea Shearim. Gracias a Dios no saqué el móvil ni hice fotos, algo que no está permitido en sábado. Era un barrio de casas viejas, cutres. En las paredes había grandes carteles en hebreo que me hubiera encantado poder leer: ahí descubrí las amarguras del analfabeto.

Había grupos de familias hasidim paseando por las calles vacías, el padre con la gabardina y el sombrero, la madre tapada hasta los pies (no van a tener cáncer de piel) y los cinco, siete, ocho hijos alrededor, siempre en grandísima armonía. Ni gritos, ni carreras, ni broncas. Podéis llamarles lo que queráis, pero amor por sus muchos hijos lo tienen por arrobas y eso a mí me impresionó mucho, también entre los palestinos. A diferencia de España, los niños son queridos en Israel.

lunes, 18 de septiembre de 2017

Oxford 1 - Media vita

De camino a Londres desde Oxford (este relato, que iré mezclando con el de Jerusalén, vuelvo a empezarlo por el final), al comprar el billete del autobús me preguntó el chaval, después de decirle que sí, que yo quería un solo billete (estaba sólo yo solo), me preguntó, digo, que si yo era senior. Jo, cómo dolió, aunque ahora piense que me lo dijo formulariamente, por agotar todas las posibilidades de descuentos posibles. También pienso que era un poco cortito (pero lo pienso ahora con amargura y un poco de rencor) y un espíritu gregario, que diría a todos lo mismo.
En Israel ya tuve una experiencia similar: me preguntaron en un Museo si era senior, pero eso lo puedo explicar. Llevaba, por si acaso, un billete usado por otro, un jubilado, porque da derecho a una reducción en la segunda visita. No me había atrevido a sacarlo, pero me lo vieron y me preguntaron si yo era un jubilado. Creo (o eso espero) que lo dijeron con bastante incredulidad.

Pero es la primera campanada del resto de mi vida, ahora sí (media vita, etc.).

En la Catedral anglicana de Oxford estaba esta lápida bajo el busto:



No sabía de quién era pero me llamó la atención el texto, este:
Paucis notus, paucioribus ignotus
Hic iacet Democritus iunior
Cui vitam dedit et mortem melancholia

De pocos conocido, de menos todavía ¿desconocido / perdonado?
Aquí yace Demócrito el joven
al que vida dio y muerte la melancolía
Y busco ahora en google, a ver si encuentro algo y resulta que es el famosísismo Robert Burton, el autor de la Anatomía de la melancolía, libro del que he oído hablar tanto. Bueno, yo melancólico no soy, creo, o no mucho, pero un poco de Memento mori sí que me viene bien.

miércoles, 13 de septiembre de 2017

Para redondear tres meses gloriosos

Me voy a Oxford a un Congreso.
Estos tres meses redondos empezaron a finales de junio en Sevilla, luego vino Italia, luego Jerusalén. No me puedo quejar. Ya contaré a partir del lunes. Os dejo esto de la última noche de los Proms:



martes, 12 de septiembre de 2017

Jerusalén 9 - Yad Vashem

El Museo del Holocausto está en un monte singular, donde está enterrado Herzl, el sionista padre intelectual del moderno estado de Israel, además de personalidades políticas, militares y víctimas de las guerras y el terrorismo. El sionismo, que en principio era una utopía nacionalista-socialista bastante ridícula, desde mi punto de vista, quedó en algo secundario desde el momento en que la realidad del Holocausto obligó a encontrar un refugio en la tierra: si a los judíos los estaban matando en todo el mundo, empezando por el país que estaba en la cima de la cultura ilustrada, Alemania, al menos tiene todo el sentido encontrar un lugar donde esconderse, por mucho que les pesase a quienes vivían allí, los palestinos. Pero es que los judíos, si lo son, es también por ese trozo de tierra que les ha marcado para siempre. Por otro lado, los palestinos podrían haber vivido bien con los judíos si no hubiesen decidido en 1948 exterminarlos a todos.


[La foto, de Andrew Shiva / Wikipedia, CC BY-SA 4.0]

El complejo es impresionante, con el Museo en el centro, subterráneo, recorrido por un prisma triangular que da acceso a las salas, en un recorrido en zigzag y que acaba en un mirador abierto: tienes que coger aire después de la visita y al final también está la esperanza, gracias a Dios.

Lo que hace este Museo es mostrar lo más claramente y objetivamente posible cómo se produjo el sistemático asesinato de judíos por parte de los nazis. Desde el pasillo central uno va en zigzag, recorriendo las salas



Entras y te encuentras con los antecedentes. Allí hay esvásticas, toda la parafernalia, cosas horrorosas de la propaganda de la época. Eché de menos algo más de las causas intelectuales del nazismo: la culpa se la quedaba todo una especie de antisemitismo histórico que se ligaba sólo al cristianismo, algo a todas luces injusto. No aparecían por ahí mencionados algunos filósofos y algunos ideólogos:


Lógicamente, está prohibido hacer fotos en ese Museo. Yo cojo estas de su web, que os recomiendo.

El Museo es magnífico y está organizado admirablemente. Se sigue muy bien la información general sobre el proceso -tan científicamente diabólico- de aniquilación de los judíos, que se complementa con paneles centrados en historias personales y vídeos de testimonios de víctimas.

Es desgarrador. Para mí fue una experiencia devastadora, como debe ser, aunque la última sala, dedicada a los Justos de las Naciones, esas personas que arriesgaron sus vidas por salvar judíos, me dio mucho ánimo. Creía que serían unas decenas y resulta que son unas decenas de miles, gracias a Dios. El mal parece que puede vencer, pero no, al final no.

Luego está el gran archivo con todos los nombres de las víctimas. Se dice, y ahora me parece que con gran frivolidad, que los judíos no olvidan: yo me alegré de estar en aquel espacio donde guardan todos los nombres de los que murieron.

Y fuera hay un memorial, como una cueva subterránea, donde casi a oscuras oyes leer nombres del medio millón de niños muertos a manos de esos monstruos, los nazis.

lunes, 11 de septiembre de 2017

Jerusalén 8 - Mar de Galilea 3

En un kibbutz tenían organizados paseos en por el Mar de Galilea. Claramente querían agradar al público: nada más embarcar, viendo que éramos españoles, en los altavoces empezó a sonar la «canción de la barca», que (espero no molestar con esto) está en la lista de mis diez canciones más detestadas (en todos los géneros). Luego, izaron la bandera de España. Parecían perplejos al ver que no hacíamos nada de lo que suele hacer la gente que no tiene una relación tan conflictiva con su patria como los españoles. Les agradecimos la fineza, de todos modos. Fuimos viendo las costas, el lago de aguas verdes y disfrutando de la brisa (cuando nos movíamos).



De vuelta a tierra, fuimos al monte de las Bienaventuranzas. Yo ahí no estuve tan emotivo, lo que me llevó a pensar si sería porque «cojeo» por ese lado. La verdad es que hacía un increíble calor, así que tendría que haber sido como los nacionalistas enloquecidos (pleonasmo) con sus «patrias» para entusiasmarme con nada a aquellas horas y con aquellos calores. Las buganvillas, de más colores de los que yo conocía, estallaban por todos los lados y le daban color a todo, pero aun así. Y claro que estoy a favor de los bienaventuranzas, faltaría más. También hay que tener en cuenta que el santuario, dentro del ranking de veracidad está solo en el grado «posiblemente y con dudas»; ni siquiera «probablemente». Vamos, que era un sitio con buena vista y ya está. Me senté dentro, pegado a un ventilador y seguía sudando como un pollo.

Pero fuera las vistas, qué vistas:

viernes, 8 de septiembre de 2017

Jerusalén 7 - Mar de Galilea 2

Llegamos al lago, a una calita de piedras donde han hecho una iglesia de fealdad increíble, pero lo importante es que puede ser el sitio donde el Señor preparó comida para los apóstoles después de la Resurrección y le preguntó a Pedro tres veces que si le quería y donde Pedro le contestó: «Señor, tú lo sabes todo, tú sabes que te amo», que es lo que decimos ahora al confesarnos.
Ahí tuvimos misa, en un altar al aire libre, mirando el lago. Yo no tenía todavía mucha experiencia de estar en sitios donde muy probablemente estuvo Jesús, pero aquí me golpeó otra vez la emoción, como en el Santo Sepulcro. Era como ver en color lo que hasta ese momento conocías, pero en blanco y negro. Y no es tanto cuestión de «conocer», «comprender» o «situarse»; es de sentir, sobre todo de sentir.

De ahí fuimos a las ruinas de Cafarnaúm, con restos de una grandiosa sinagoga del III/IV d. C., pero que estaría sobre la que frecuentó Jesús y donde predicó. Al lado, estaba la casa de san Pedro (y por eso ahora entiendo todavía mejor un pasaje como este de san Lucas 4,38: «En aquel tiempo, al salir Jesús de la sinagoga, entró en casa de Simón»: pues sí, así de directo, al lado).

Ahí, nada menos, se sitúa el discurso del Pan de Vida en el evangelio de san Juan 6.22-59.

Foto de wikimedia. La especie de ovni es una iglesia sobre los restos de la casa de san Pedro.

Lo que queda de la sinagoga

Ya vi en Bruselas restos de algunas sinagogas de esas épocas, realmente suntuosas. También en el Museo de Israel había. Esta era impresionante.

Y en el terreno del reconocimento hacía ilusiòn hasta reconocer un sicomoro:


jueves, 7 de septiembre de 2017

Jerusalén 6 - Mar de Galilea 1

Un día a la semana hacíamos fiesta y nos íbamos en un microbús conducido por un árabe cristiano (tenía desplegado un mapamundi de estampitas a su alrededor) y con una guía judía muy simpática y muy competente.

Fuimos al lago de Galilea (o Mar de Tiberiades o lago de Genesaret, que todo es lo mismo: son esas las cosas tontas que uno descubre en Israel y no es poca cosa caer por fin en la cuenta).



El primer choque fue ver el desierto pegado a Jerusalén en dirección a Jericó, esa desolación en la que ¿viven? los beduinos. A la vuelta paramos en lo que caritativamente se podría llamar área de servicio, el sitio donde creo que había pasado más calor de los últimos años hasta la fecha. Lo bueno era que por ahí se sitúa la parábola del buen samaritano, de Jericó a Jerusalén. Se me ocurrió pensar que el pobre al que dejan medio muerto en esa parábola además tuvo que pasar un calor como para morirse otra vez. Y más mérito todavía del buen samaritano, ese personaje tan admirable, aunque sea una criatura que crea Jesús, una ficción que es una realidad fascinante porque es un relato inventado por Dios (y que es más verdad que todas las realidades «reales»).

Recorrimos paralelos al Jordán, pasando por Cisjordania, a través de controles militares. A los lados había plantaciones de palmeras repletas de dátiles, metidos en unos sacos de redecilla. Los lugares palestinos eran cutres, los judíos, no: esto puede fastidiar, pero es un hecho irrebatible.

La guía nos iba contando cosas sobre los montes que veíamos al otro lado, ya en Jordania, sobre los caminos entre Judea y Galilea por los que llegaron además las mil invasiones que pasaron por ahí y sobre algunos lugares que aparecen en el Antiguo Testamento.

En Tiberiades en vez de romanos lo que había era judíos ortodoxos, esa extraña gente que me fascina y que parecía inmune al calor, cubiertos como iban con esas gabardinas negras ellos, mientras ellas iban con medias y varias capas de ropa. Tiberíades es una ciudad turística con playas también para ellos, cosa que agradecerán los pobres, que también tienen derecho a bañarse, y en playas separadas además, que eso es lo que quieren. Me imagino a más de dos y a más de tres de por aquí que se pondrían como la niña del exorcista ante la mera mención de esta idea, así que la expongo aquí para abrirles la mente, que presumen de tolerancia, pero esas playas seguro que las prohibirían.

miércoles, 6 de septiembre de 2017

Jerusalén 5 - Seminaristas armenios

Dos domingos por la tarde en el Santo Sepulcro vi una procesión de seminaristas armenios, que cantaban a pleno pulmón primero frente al Calvario (que es «suyo»):



Y luego iban al edificio de la tumba del Señor, pasando por delante de una lápida donde se supone que dejaron depositado el cuerpo del Señor (el sitio del Descendimiento; la pena es que la lápida se sabe que es del XIX) cantando todavía más a pleno pulmón, porque justo en ese momento los franciscanos, que están acabando entonces su propia procesión, se ponen a tocar el órgano lo más a tope que pueden:



Es una pelea que parece que es así siempre. A algunos les deprime ver así de evidente la división de los cristianos, pero en este caso a mí me hace gracia, la verdad.

Esas procesiones la lata es que desalojan a los que, como yo, están sentados frente al Santo Sepulcro. Estaba la segunda vez detrás de un franciscano que se quejaba de que los armenios, aprovechando su procesión, estaban colando gente cuando no les tocaba. Ya digo, la naturaleza humana, que es así.

He encontrado un vídeo, aunque -lástima- sin pelea con el órgano de los franciscanos. Debe de ser algún día de fiesta especial. El ambiente en torno a la tumba del Señor sí que es el mismo:


martes, 5 de septiembre de 2017

Jerusalén 4 - Clases de lenguas clásicas como vivas

Yo fui a Jerusalén, y en agosto, porque me cuadraba asistir a un curso que había en ese momento sobre didáctica de lenguas clásicas con los métodos de las lenguas modernas. Yo en principio era más bien escéptico, pero la cosa se ha convertido en una tendencia triunfante en los Estudios Clásicos, en España también, así que había que darle una oportunidad: renovémonos antes de que sea tarde, pensé.
En Jerusalén está el Instituto Polis, de lenguas y humanidades. Dan clase de Griego, Hebreo, Árabe, Latín y otras lenguas con métodos como el que consiguió convertir el hebreo, lengua muerta, en la lengua común de los habitantes del estado de Israel.
Yo lo que descubrí es que mis niveles elevados de falta de habilidades sociales, mi pudor ante las dramatizaciones, que eran la clave de todo, cosas como tener que estar levantándome y sentándome cada poco, saltar, hacer gestos, era algo superior a mis fuerzas. Un día nos dieron la primera clase de árabe hablado y me sentí fatal: era como estar ahogándose continuamente, sin poder llegar a tocar el suelo con los pies. Añádase, en el caso del latín, el tener que usar todo el tiempo sólo una lengua que no estás acostumbrado a hablar, sino a leer, con el riesgo de convertirla en jerga, algo que ya criticó el Brocense en el siglo XVI: latine loqui corrumpit ipsam latinitatem. Yo puedo entender lo de hablar latín o griego clásicos como un método, pero prefiero el mío de leer sin hablar.
Allí «enseñar gramática» era un término tabú: se trataba de ir asimilando la lengua a base de repeticiones de expresiones, del uso de preguntas y respuestas. Todos afirmaban que es un método que funciona: me lo creo. Creo que me ha ayudado y que algo cambiará en mi modo de dar clases, pero ese es un camino que no voy a seguir y es una pena, porque a todo el mundo (menos a gente rara como yo) le hace mucha ilusión utilizar métodos así.

lunes, 4 de septiembre de 2017

Jerusalén 3 - El Santo Sepulcro

Es un edificio objetivamente feo, confuso, perpetuamente en obras. Le cogí mucho cariño estos días. Lo teníamos a diez minutos de donde nos alojábamos. Yo fui varias veces a sentarme enfrente de la Anástasis, el pequeño edificio, tan pobrecillo, bajo una cúpula del XIX de una fealdad chirriante, construido sobre la tumba donde dejaron el cuerpo muerto de Jesús.
Era un espectáculo el guirigay: se iban turnando ortodoxos y franciscanos para gestionar la cola de los que querían entrar. Había gente haciendo fotos, otros pasaban hablando a gritos, se cruzaban hasta gatos y por arriba palomas. Cada cierto tiempo el ortodoxo se enfadaba y decía "no photos!" y golpeaba en la puerta para que la gente no se detuviera en el cubículo interior donde quedó el cadáver del Señor envuelto en una sábana limpia traída por José de Arimatea. Otro ortodoxo (lo llamábamos cariñosamente el Oso Yogui), se ponía muy estricto con los pantalones cortos y daba lugar a situaciones desde mi punto de vista hasta cómicas, de tíos con pareos hechos a base de pañuelos de sus novias.

Yo me intentaba centrar y leía los últimos capítulos de los evangelios y era muy emocionante, mucho, saberse en el sitio -aquí no hay dudas sobre lugares alternativos-, a pocos metros del Calvario, donde dos días después María Magdalena habló con el Señor confundiéndolo con un hortelano.

Aquí dijo el ángel: οὐκ ἔστιν ὧδε, ἠγέρθη γὰρ καθὼς εἶπεν· δεῦτε ἴδετε τὸν τόπον ὅπου ἔκειτο: «No está aquí, pues resucitó como dijo. Aquí. Mirad el sitio donde yacía » (Mt. 28.6). No es una reliquia esto, es el paradigma de sitio no-reliquia, el lugar de donde se fue el Señor a prepararnos el camino.

En la pared, esta inscripción griega «La fuente de nuestra resurrección»:



Se entraba agachándose por este arco:


El edificio, edículo, que llaman la Anástasis (=resurrección), tiene un añadido a la derecha, un tugurio donde se han hecho fuertes los coptos:


Y esto es lo que yo veía, sentado enfrente:

viernes, 1 de septiembre de 2017

Jerusalén 2 - El barrio armenio

El primer día en Jerusalén nos dimos un paseo exploratorio y cruzamos por el barrio armenio, uno de los cuatro quesitos de la ciudad antigua. Resultó ser el más hermético: todo muros, ninguna tienda (eso es bueno, visto lo visto en los demás barrios, convertidos en un Santiago de Compostela cualquiera) y un monasterio, de Santiago (me entró curiosidad, a ver qué decían respecto a sus restos) que sólo abría de tres a tres y media de la tarde (¡sic!).
Sabías que estabas en el barrio armenio porque había carteles del genocidio (del genocidio armenio quiero decir).

Yo hice esta foto, casi la única tienda que vi. Pero era domingo y estaba cerrada: