jueves, 23 de febrero de 2017

Hildebrand sobre humanismos, judíos y griegos

Del libro de Hildebrand (y es lo último que diré de él) me ha gustado mucho su argumentación sobre teología de la historia, sobre Israel y Grecia como representantes de la humanidad, algo que está en los mejores filósofos de esos años, aunque con muchas variaciones, basta pensar en lo que escribieron gente como Simone Weil o Eric Voegelin. A mí me pasma la facilidad que tienen de ver las cosas «a lo grande», en grupos de miles de años.

Hildebrand pone a Israel como «el pueblo que representa a la humanidad (Menschheitsvolk
Israel ha sido el único pueblo consciente de la situación metafisica del hombre ante Dios, el único pueblo cuya vida se ha ido desarrollando in conspectu Dei, «ante la mirada de Dios». Si pensamos en Abraham, en Isaac y en Jacob, o en Moisés y David, nunca encontramos una u otra característica étnica (völkische Eigenart), sino al hombre qua hombre directamente frente a Dios. El hombre se nos presenta en toda su grandeza y su bajeza, en su anhelo de Dios y en su apostasía de Dios, atrapado en el oleaje de sus pasiones desordenadas y en su necesidad de Dios. El pecado no se considera nunca inocuo y sin importancia, como ocurre en determinadas fases de la historia de otros pueblos (me refiero a los griegos, que -aunque en un sentido completamente distinto- también se pueden calificar de representantes de la humanidad). Los abismos de la naturaleza humana que se abren a veces en el pueblo judío son aterradores y, sin embargo, se viven como abismos, se ven como lo que realmente representan in conspectu Dei. (...) Una y otra vez nos encontramos con el arquetipo de la tragedia del hombre. Todo está impregnado de la máxima solemnidad, de la gravedad de la situación del hombre, bañado por el aliento de Dios.
Todo lo humano solo puede percibirse en su auténtica grandeza y profundidad cuando se contempla a la luz de Dios, a cuya imagen ha sido creado el nombre. Cualquier intento por parte de un humanismo antropocéntrico de contemplar al hombre en sí mismo y separado de su ordenación a Dios lleva a achatar y vaciar de contenido lo humano. Todo idealismo puramente humanitario es frágil y pretencioso, como los intentos de Ícaro de alzar el vuelo. (357-8)
El siguiente argumento (Jesús nace hebreo) lo usaba también san Josemaría:
El hecho de que en su naturaleza humana Cristo fuese judío, que al nacer judío de la Virgen María tomase una naturaleza plenamente humana, configura el carácter de representante de la humanidad que posee el pueblo judío del modo más profundo y evidente. Cuando Cristo hablaba a Israel, hablaba a la humanidad, y la respuesta de Israel a su manifestación fue la respuesta de la humanidad. Los apóstoles, los discípulos que lo reconocieron y siguieron fueron representantes de la humanidad, como lo fueron los fariseos de todos los que lo crucificaron (359).
Y termino con un párrafo sobre el porqué de Israel ahora:
La actual unidad del pueblo judío y su difícil destino no se derivan de una religión concreta, sino de su rechazo de la verdadera religión. Por eso, de un modo indirecto dan continuamente testimonio de Cristo. Con sus innumerables sufrimientos y la continuidad de su existencia, los judíos constituyen como ningún otro pueblo la expresión del misterioso designio divino. Son la "nota pedal" de la historia humana y están rodeados de un misterio permanente. Una nota pedal es una voz de fondo que, sin entrar directamente en el tema musical, en su propia marginalidad y con su sola presencia se encuentra estrechamente ligada al conjunto, dotando a todo de colorido y participando de la armonía conjunta de la pieza musical (362).

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