martes, 21 de febrero de 2017

Hildebrand, mártir de los congresos

En las Memorias de Hildebrand hay un relato, al final muy gracioso, sobre una Jornada franco-alemana en conmemoración de san Alberto Magno, en París, organizado por Étienne Gilson, el gran filósofo tomista, que le invitó en un momento delicado, cuando se estaba convirtiendo en una bestia negra de los nazis, recién ascendidos al poder.
De todos modos, Gilson no hizo más que ponerle trabas. Para empezar, le dijo que ni podía hablar mal de los nazis ni elogiar demasiado la Edad Media, porque el ministro francés era masón.
El acto empezó con la conferencia de Gilsón, que duró una hora. Siguió una actuación musical, que se alargó más de lo normal:
No sabía cómo iba a poder ajustar mi conferencia al tiempo que me quedaba. Al cuarto de hora de comenzar a hablar, Gilson me dijo: «Tiene usted que abreviar, el ministro de Cultura se está impacientando». No hay nada más molesto para un orador que verse obligado a acortar un discurso, sobre todo cuando no habla improvisando, sino siguiendo un texto escrito. Hice lo que pude, pero (...)
Vamos, que salió muy frustrado de allí:
Mi conferencia no tuvo el impacto esperado. De hecho, fue bastante pobre. Al concluir, el aplauso respondió a una mera cuestión de amabilidad y cortesía. No recuerdo qué dijo el ministro. Después del discurso me quedé a hablar con  Gilson y con el agregado de la embajada en un café. Al cabo de un rato, Gilson me dijo: "Ha hecho usted un gran esfuerzo. Hablar tanto tiempo en un idioma extranjero es agotador. Váyase a descansar". Y nos despedimos.
Sí que empatizo con esto, sí, no sé por qué.

Me cae muy bien Hildebrand. Varias veces en sus Memorias juzga a la gente por si les gusta Wagner (y entonces son majos) o no. Qué tipo, tan lleno de prejuicios como yo; y sin pudor en mostrarlos, como yo (aunque yo soy más de Haendel).

4 comentarios:

  1. Gilson era tomista, no neotomista.
    "Se fabrica un tomismo para el uso escolar, una
    especie de racionalismo chato que da satisfacción a la especie de deísmo
    que en el fondo desea enseñar la mayoría ( ... ) Incluso en la orden
    de Predicadores, desde Hervé de Nédellac hasta Cayetano y más
    allá, tantos entre ellos se han apuntado a camuflar la doctrina auténtica
    del Maestro. Digamos, más bien, a castrarla, y a hacer de su teología
    una especie de philosophia anstotelico-thomista chata, apta para
    expandir un vago deísmo para el uso de los candidatos bienpensantes
    al bachillerato y a la licenciatura en letras".
    Obsérvese lo bien que encajan estos reproches a la filfa personalista.

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    Respuestas
    1. Lo he cambiado a "tomista" sin más.

      Y menuda cita.

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  2. http://dadun.unav.edu/bitstream/10171/13136/1/ST_XXVI-3_02.pdf

    La he sacado de este interesante artículo. Abrazo.

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  3. Yo también soy más de Haendel... Hola, Ángel.

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