viernes, 11 de noviembre de 2016

Como una caña, como el lunático

O ya que una vez Dios nos enseñe lo bueno, ¿quién dirá cuán flaca es nuestra flaqueza, y cómo damos de rostro en lo que vemos que era razón de hacer? ¿A quién no ha acaecido proponé[r] muchas veces hacer bien, y verse caído y vencido en lo que más pensó verse en pie? Hoy lloramos nuestros pecados con intención de los evitar, y si, estando las lágrimas en las mejillas, se nos ofrece alguna ocasión, llorando porque caímos, hacemos de nuevo por qué llorar. Recibiendo el cuerpo de nuestro Señor Jesucristo con mucha vergüenza de los desacatos que le hemos hecho, aun teniéndolo en nuestro propio pecho, nos acaece algunas veces por algún pecado echar su gracia de nosotros. ¡Qué caña tan vana, que a tantos vientos se muda! Ya alegre, ya triste; ya devota, ya tibia; ya tiene deseo del cielo, ya del mundo e infierno; ya aborrece, y luego ama lo aborrecido; vomita lo que comió porque le hacía mal estómago, y luego tórnalo a comer como si no lo hubiera vomitado. ¿Qué cosa puede haber de más variedad de colores que un hombre de esta manera? ¿Qué imagen puede pintar con tantas haces, con tantas lenguas, como este hombre? ¡Cuán de verdad dijo Job: Que nunca el hombre está en un estado! Y la causa es porque al hombre le llaman ceniza, y su vida viento (cf. Job 7 ,5.7). Muy necio sería el que buscase reposo entre viento y ceniza. No pienso que habría cosa más espantable de mirar, si mirarla pudiésemos, que ver cuántas formas toma un hombre en lo de dentro de sí en un solo dia. Toda su vida es mudanza y flaqueza, y conviénele bien lo que la Escriptura dice: El necio mudable es como luna (Eclo 27, 12). ¿Qué remedio ternemos? Por cierto, conocernos por lunáticos. Y como en tiempos pasados llevaron un lunático a nuestro Señor Jesucristo para que lo curase, ir nosotros al mismo Jesucristo para que nos cure como curó aquel del cual dice la Escriptura que lo atormentaba mal el espíritu malo (Mt 17, 14), que ya lo echaba en el fuego, ya en el agua; y lo mismo acaece a nosotros: unas veces caemos en el fuego de la avaricia, de ira, de concupiscencia, otras, en agua de carnalidad, de tibieza y de malicia.
San Juan de Ávila, en una carta (OC 4.89-90.77-108)

6 comentarios:

  1. Bello texto. Y tan certero...

    La frase "¡qué caña tan vana, que a tantos vientos se muda!" me ha recordado, claro, la célebre "caña pensante" de Pascal ("L'homme n'est qu'un roseau, le plus faible de la nature; mais c'est un roseau pensant").

    ¿De dónde puede venir esa misma comparación? ¿De Mateo 12:1.21: "No acabará de romper la caña quebrada ni apagará la mecha que apenas arde, hasta que haga triunfar la justicia"? Buscando en internet he visto que según el Diccionario Bíblico de W. W. Rand esa "caña quebrada" es el símbolo del alma abatida.

    ¿O es simple casualidad?

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  2. Hay erratas en el texto:

    -le hacia mal estómago
    -pintar con tantas haces (?)
    -Muy necio seria...
    -¿Qué remedio ternemos?
    -ir nosotras al mismo

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    1. Gracias. He corregidó el acento en sería y el 'nosotras'. Lo otro es así: ternemos = tendremos

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    2. ¿Y el "hacia" de "le hacia mal estómago"?

      Y "pintar con tantas haces" ¿qué significa?

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  3. Corregido el otro 'hacía'.
    Haces = caras. (Haz< faz)

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