jueves, 31 de marzo de 2016

Waugh como un monstruo y qué es un ha-ha

Explican en esta entrada la anécdota, en dos variantes, de Waugh que se describe como un monstruo. La versión de Nancy Mitford es esta:
Así que tenía a Evelyn desde el viernes por la mañana al lunes y todavía lo quiero aunque en un momento me sentí en la obligación de preguntarle cómo compagina ser tan horrible con ser cristiano. Replicó bastante triste que si no fuera un cristiano sería incluso más horrible (difícil) y hasta se habría suicidado hace años. Conoció a mi editor, un francés encantador de clase media y fue tan terrible con él que tuve que pedir disculpas.

So I had Evelyn from Friday morning to Monday & still love him though at one point I felt obliged to ask how he reconciles being so horrible with being a Christian. He replied rather sadly that were he not a Christian he would be even more horrible (difficult) & anyway would have committed suicide years ago... He met my publisher, a charming middle class Frenchman, & was so dreadful to him I had to apologize.
Otra versión la cuenta su biógrafo Sykes, referida al mismo momento:
No tienes ni idea de cuánto peor sería si no fuera un católico. Sin ayuda sobrenatural apenas sería un ser humano.
You have no idea how much nastier I would be if I was not a Catholic. Without supernatural aid I would hardly be a human being.




En la misma web de donde he sacado esto hablaban hace unos días (y de ahí saco la foto de la boda - y continuaron luego) sobre un artículo de su hijo Septimus, que quiere que las tumbas de sus padres, que están en el extremo del jardín de la que fue casa familiar de Combe Florey, pasen a formar parte del cementerio, del que solo los separa un «ha-ha».
Busqué «ha-ha» y resulta que es un murete. La supuesta etimología es el ruido que haces cuando te caes si pasas sin darte cuenta y no ves el vacío a continuación.

El artículo del hijo lo hace, dice, para contrarrestar la «inmerecida fama de su padre como un monstruo» y conseguir con ello que quiten el famoso «ha ha» y las tumbas pasen a estar sin sustos en el cementerio.. El artículo es, a la manera inglesa, delicioso. Resulta que Septimus es tallista, ebanista y carpintero («woodcarver, cabinet-maker and joiner»).

6 comentarios:

  1. Si no he interpretado mal el artículo de la Wikipedia que enlazas, el "ha-ha!" no es de susto al caer por el hueco inadvertido, sino de sorpresa (divertida) al descubrir el trampantojo; más un "¡ajá!" o "¡anda!", que "¡ay!"... y escribo esta tontería simplemente para comentar que me han gustado mucho esta entrada y la anterior; y que la de inglés que he aprendido leyéndolas (y los enlaces, en especial el del reportaje/entrevista de Irons) no es el menor de los motivos...

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  2. Pobres argumentos me parecen en favor del cristianismo los que se dan en ambas entradas. Si Waugh creía necesitarlo para no ser un monstruo, es problema suyo: uno conoce a bastantes personas que no son ni una cosa ni otra. Y si necesitamos el cristianismo como vigilancia, como guardia de la porra para que nuestra convivencia no se vaya al cuerno, una de dos: o dicha convivencia vale tan poco en sí misma que no sería mala idea el pensar en cambiarla, o al menos en cuestionarla seriamente, o ese papel del cristianismo es innecesario. Como ya dije antes, hay personas maravillosas que ni son cristianas ni necesitan serlo. (También las hay que son cristianas, naturalmente).

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  3. Yo no doy «argumentos en favor del cristianismo» aquí: me admiro ante la humildad de Waugh. Lo del cristianismo como «guardián de la porra» debe de ser una fobia tuya. Yo solo recojo, de Waugh y Irons, la idea de la ayuda que el cristianismo trae a la convivencia humana. Que haya personas maravillosas que no son cristianas no es un problema, que yo sepa.

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  4. Uno, naturalmente, puede recoger de lo que lee sólo lo que le plazca. Pero quien no sólo se autocalifica de monstruo, sino que dice que podría haber acabado suicidándose, es Waugh, no yo. Y quien dice que "pecado son las acciones que nos hacen daño", y que gracias a Dios que la Iglesia Católica nos dice que determinadas conductas son pecado (porque, parece ser, quien no sea católico no tiene la capacidad de percibir qué cosas pueden hacerle daño, a sí mismo o a los otros, capacidad reservada únicamente a la Iglesia Católica) es Irons, no yo. Y no estoy de acuerdo, como ya dije. Mucha gente ni es católica ni es un monstruo, ni menos aún hasta el punto de haber pensado en suicidarse; si Waugh necesitaba para eso el catolicismo, muchísimas otras personas no lo necesitan. Y si Irons cree de veras, tal como dice ahí, que sólo la Iglesia Católica sabe qué cosas pueden hacernos daño, a nosotros mismos o a los demás, y que sin ella careceríamos de tan esencial conocimiento, también se equivoca. Sólo proporciona un criterio, entre otros posibles; y ni siquiera necesariamente el mejor: uno entre otros, nada más.

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  5. Waugh se quiso suicidar de joven (lo cuenta en su autobiografía). Otros podrán presumir de «esprits forts»; yo admiro a Waugh por reconocerse a merced del mal.
    Con lo de Irons tu problema, Anónimo, es que tu visión de lo laico es laicista. Se ve por ese "nos" de "la Iglesia Católica nos dice que": sin tener que someterte a ella, puedes reconocer que lo que dice es algo que puede ser una aportación al conjunto. El aborto es un daño: que lo diga la Iglesia es un dato interesante. Más interesante todavía me parece el dato de que, sin ella, esa verdad corre el riesgo de perderse. En ningún lugar dice Irons (ni la Iglesia) que «sólo la Iglesia sabe qué cosas...»: ahí te estás retratando tú.

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  6. Qué manía con lo de "retratarse"; me temo que es un recurso de quienes no están seguros de tener ningún otro argumento. Dice Irons: "Así que gracias a Dios que la Iglesia Católica dice que no lo tenemos que permitir, porque de otro modo nadie está diciendo que es un pecado". Y, recuérdese, según él mismo, "pecado son las acciones que nos hacen daño". En otras palabras, si la Iglesia Católica no nos dijera que algunas cosas están mal porque nos dañan a nosotros mismos (y a otros, supongo; puede que el cargarse de treinta y dos puñaladas a alguien le haga daño a uno mismo, pero de lo que no cabe duda es de que se lo hace a la víctima), nosotros no lo sabríamos; y, hay que sobreentender, la única manera de entender eso es considerar esas acciones como pecaminosas, y como pecaminosas según los criterios católicos. Si no lo hacemos, no tenemos criterio, o al menos ahí ni siquiera se sugiere que pueda haber otro.

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