martes, 16 de febrero de 2016

Cómo enfrentarse a un mal no tan lejano

Estoy leyendo el libro de Steinhardt, a diferencia de lo que me pasó con otros grandes escritos de víctimas del comunismo, como un auténtico manual de instrucciones, ahora que en mi país hay tanta gente seducida por comunistas, a los que muestran una devoción que me produce un asco invencible. Todo lo que leí del desprecio por la verdad, de sus tácticas, del odio a la libertad, lo veo ahora mucho más cerca, fascinando a una sociedad que ya no puede ser peor en su falta de convicciones.
Steinhardt fue condenado por respirar, por no ser como ellos. El prólogo del libro explica tres tácticas (deja de lado la fe, la que más le valió a él) para «salir de un universo cerrado», el del totalitarismo.

La primera es la de Solzhenitsin: al cruzar el umbral de los servicios de seguridad, decirse a uno mismo: «desde este momento estoy muerto», pero de forma definitiva. Muy difícil, claro.

La segunda es la de Zinoviev: inadaptación total al sistema, convertirse en un paria, vivir al día, no tener nada para que no te puedan quitar nada.

La tercera es la de Churchill y Bukovski: ante el mal, sacar un deseo loco de vivir y luchar. Cuando Bukovski fue citado por la KGB, no pudo dormir esa noche, pero de «la impaciencia de gritarles a la cara la verdad y de entrar en ellos como un tanque». El libro de Steinhardt es un alegato del valor, por eso dice lo siguiente:

Me pregunto (...) si acaso este universo, con todos sus conjuntos de galaxias, compuesta cada una de ellas por miles o millones de sistemas, cada uno a su vez con miles de soles y miles de planetas a su alrededor; me pregunto si acaso todos los espacios, las distancias y las esferas medidas en años luz, pársecs y cuatrillones de kilómetros, si todo este hervidero de materia, astros, cometas, satélites, púlsars, quásars, agujeros negros, polvo cósmico, meteoros y qué sé yo qué más, si todas las eras, todos los eones, todos los tiempos y todos los continuums espacio-temporales y todas las astrofísicas newronianas o relativistas no habrán llegado a existír sólo para que estas palabras de Bukovski pudieran llegar a pronunciarse (21).

A ver si tengo yo un poquito del valor que Bukovski y Steinhardt tuvieron. Nos dan mil vueltas las víctimas del comunismo, los millones que sufrieron un sistema, suma de todas las herejías y errores que ahora somos tan obtusos de considerar «ideas»

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