lunes, 27 de octubre de 2014

Una garza

De no creerse, estos días de sol brillante.
Estuvimos en Carnota: los amigos nos llevaron a pasear cruzando, desde el hórreo gigante a la playa, por una zona de marisma a través de una pasarela.
Había una corriente de agua hacia el mar -bajaba la marea- y veías peces y cangrejos. A lo lejos, en una especie de laguito, una garza blanca.

Yo me acordé de la que Atenea manda a Ulises y Diomedes para animarles en su incursión nocturna desde la playa hasta el campamento troyano (Ilíada 10.274-6):
A la derecha, cerca del camino, les envió una garza
Palas Atenea. No la vieron sus ojos
en medio de la la lóbrega noche, pero oyeron su gañido.

τοῖσι δὲ δεξιὸν ἧκεν ἐρωδιὸν ἐγγὺς ὁδοῖο
Παλλὰς Ἀθηναίη· τοὶ δ' οὐκ ἴδον ὀφθαλμοῖσι
νύκτα δι' ὀρφναίην, ἀλλὰ κλάγξαντος ἄκουσαν.
Nosotros sí que la vimos, pero no la «oímos gritando».

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