domingo, 20 de octubre de 2013

Seréis juzgados (por vosotros mismos)

Nuestra opinión sobre un gran libro es un fallo con que el libro nos juzga.
A mí me llamó mucho la atención y creo que fue porque me recordó algo que noto cada vez más: que me voy dando de morros con juicios que hice yo hace años y que se me ponen enfrente y me acusan de mi falta de piedad de entonces.
Lo de «no juzguéis y no seréis juzgados» está siendo una tortura cada vez que veo en mí lo que miraba mal en otros: la gordura, el no leer novelas, la impaciencia, el negarme a seguir «el debate político», el mirar mal a los que aplauden, el cinismo ante el futuro, la sonrisa irónica ante el joven que se queja de lo mal que está el mundo y que «hay que hacer algo»

Supongo que también ahí, aparte de aprender en cabeza propia la piedad, está el dejarse caer en las manos de la única verdadera Piedad y dejarle a Él que nos juzgue.

Mirad este poema



Denise Levertov - The Avowal
As swimmers dare
to lie face to the sky
and water bears them,
as hawks rest upon air
and air sustains them,
so would I learn to attain
freefall, and float
into Creator Spirit’s deep embrace,
knowing no effort earns
that all-surrounding grace.

Denise Levertov - La afirmación
Igual que los nadadores se atreven
a yacer boca arriba al cielo
y el agua los soporta,
igual que los halcones descansan sobre aire
y el aire los sostiene,
así querría yo aprender a alcanzar
la caída libre, y flotar
dentro del profundo abrazo del Espíritu Creador,
sabiendo que ningún esfuerzo gana
esa gracia que todo lo abarca.

14 comentarios:

  1. Me quedo con las palabras finales:

    "sabiendo que ningún esfuerzo gana
    esa gracia que todo lo abarca."

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  2. No seré yo, agnóstico confeso, quien objete nada a lo de "dejarse caer en las manos de la única verdadera Piedad"; felices quienes cuentan con ellas. Pero hace falta algo más: aprender que nuestros juicios son siempre provisionales y mejorables, y por tanto no hacer de ellos bandera, o, peor aún, garrote. Y esto no tiene nada de "relativismo", palabra que tan poco gusta a algunos; es mera sensatez.

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  3. "As swimmers dare / to lie face to the sky": porque el cuerpo humano flota de manera natural en el agua, salvo si te pones nervioso, tragas agua y te vas para abajo.

    Entonces quizá sea igual de natural la segunda parte de la comparación: " float / into Creator Spirit’s deep embrace".

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  4. ¿Es acaso lo mismo opinión que juicio? Las opiniones "valoran"; los juicios "contemplan". Las opiniones cambian; es ciertamente desolador ver cómo se vuelven contra nosotros. El juicio verdadero, definitivo, es siempre humilde. La Piedad definitiva es mansa y humilde...

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  5. Muchas gracias por vuestros excelentes comentarios, que han pasado por encima de la confusión en la que escribí yo esto. De hecho, lo tenía entre los borradores hasta que me decidí a publicarlo cuando leí ese poema.

    Anónimo 1 y José, habéis resaltado lo fundamental. Me gusta mucho el poema porque explica muy bien la clave, algo que supera esa falsa dicotomía entre fe y obras que tan larga historia tiene; nuestras obras son ese flotar (lo contrario de dejarse ahogar o ponerse a bucear).
    Anónimo 2: no es poca cosa que la experiencia de la vida nos ayude a darnos cuenta de nuestras limitaciones a la hora de juzgar.
    Y Calvalcanti, mil gracias por ampliar la perspectiva con esas reflexiones terminológicas. Ojalá sepa yo hacer juicios humildes cuando tenga que hacerlos.

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  6. Yo, en cambio, reconozco comprender mal lo que Cavalcanti dice. Le cito: "Las opiniones "valoran"; los juicios "contemplan". Las opiniones cambian". Dada esa contraposición que hace entre opiniones y juicios, y su afirmación respecto a las primeras, parece seguirse que los juicios no cambian; que son, como también dice, "definitivos", aunque "humildes". Dejando aparte la cuestión de la humildad (lo que no pocos acostumbran a decir, y aun algunos a hacer, a quienes no coinciden con sus juicios, me parece a mí que tiene bien poco de humilde; y baste pensar en el fundamentalismo musulmán, y en otros, que no es el único), no veo yo de qué manera pueda ser eso, al menos en lo humano.

    Los juicios que propiamente se llaman así (quiero decir, los de los tribunales) pueden ser apelados; e incluso cuando ya no cabe apelación, existe siempre la posibilidad de reabrirlos si aparecen nuevas pruebas. Sólo serían, pues, "definitivos" los que están por encima de lo humano. El problema es que quienes han de interpretar aquí abajo tales juicios definitivos son hombres, no dioses, y como tales, falibles. Véase el ejemplo que ponía. Pero su tendencia o deriva, al parecer irresistible (o que, al menos, son poco dados a resistir), es a creer que ellos, aunque meros hombres, han sido "inspirados" por Dios en lo que creen, que en consecuencia resulta infalible y definitivo. Y, por tanto, a creerse portavoces (y a veces ejecutores) de la voluntad divina. Bien poca humildad veo yo en una actitud semejante, a pesar de que las diversas guerras de religión y las muchas atrocidades cometidas en el pasado, y que se cometen aún hoy, precisamente en nombre de esa actitud, deberían habernos enseñado algo más.

    Decía Borges que "el concepto de texto [o de "juicio", podría añadirse] definitivo no corresponde sino a la religión o al cansancio". Y el problema aqui es que los creyentes judíos, hinduistas, musulmanes, cristianos..., y dentro de cada uno sus correspondientes sectas (chiíes o sunníes, evangélicos o Testigos de Jehová, etcétera), están convencidos de que SU juicio es el definitivo, en contra de todos los demás. Las consecuencias las tenemos bien ejemplificadas hoy en día en Oriente Medio y muchos otros lugares, e históricamente también entre nosotros.

    Es excelente cosa, en efecto, que "la vida nos ayude a darnos cuenta de nuestras limitaciones a la hora de juzgar". Pero mientras sigamos creyendo, como al parecer Cavalcanti, en el carácter "definitivo" de nuestros juicios, ¿de qué nos servirá esa conciencia? Es comprensible y natural que, para los creyentes, los de Dios (o los de Alá, o Brahma, o etcétera) posean ese carácter; pero nosotros no somos Dios y, en efecto, nuestras limitaciones a la hora de juzgar son reales, y debieran tenerse siempre presentes. ¿Hará falta recordar el "No juzguéis, y no seréis juzgados: no condenéis, y no seréis condenados"?

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  7. Anónimo Anónimo, ¿no te parece que te has pasado de vueltas en la contestación? (Todo esto lo digo sin juzgarte, eh). Ya te conozco hace años y sé que estos temas te hacen saltar, pero me parece que dogmatizas en la imposibilidad de la existencia de los juicios y su relación con la verdad. Cavalcanti no dice que nuestros juicios sean definitivos: de hecho no sé de dónde sacas que dice eso.
    (Por cierto, que con gran dolor tengo que decir que a Borges lo he aburrido: es leer una cita suya y sentir un rechazo inmediato; no puedo evitarlo).

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  8. Por alusiones, Anónimo. No me has entendido; por eso, me juzgas. ¿Es posible apelar? Renuncio.

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  9. Sea. Aunque he de decir a AR que yo no "salto"; simplemente discrepo, cuando me parece que hay motivo para hacerlo. Y a Cavalcanti que, en efecto, ya le decía yo que le comprendía mal; pero, desde luego, no le juzgo, lo que estaría en contradicción con todo lo que digo (y lo que pienso). Ni uno ni otro, por lo demás, señalan dónde están mis errores; sólo AR dice que Cavalcanti "no dice que nuestros juicios sean definitivos". Ya cité al propio Cavalcanti, pero vuelvo a hacerlo: "Las opiniones "valoran"; los juicios "contemplan". Las opiniones cambian [...] El juicio verdadero, definitivo, es siempre humilde". Una de dos: o el juicio es algo que está más allá de las posibilidades humanas (y, por tanto, lo de "verdadero" y "definitivo" corresponde sólo a lo trashumano, no a nosotros), o si es posible juzgar humanamente, aquí al menos no se habla de otro tipo de juicio que el "verdadero, definitivo". Si cree posible la existencia de otro, al menos no lo dice; y me parecería exceder la legitimidad en mis conclusiones si le atribuyera lo que él no ha dicho. Pero en fin, como decía Pessoa (a ver si hay suerte y éste disgusta menos a AR), "en esto, como en todo, no debemos ser dogmáticos".

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  10. Por ejemplo, Roman Polanski droga y abusa de una niña menor de edad hace treinta años. ¿Está mal? Anónimo, que no es dogmático, se preguntará solo sobre la legalidad o ilegalidad del hecho. Los hipócritas, fundamentalistas y totalitarios son los que decimos que, aparte de ser legal o ilegal, es inmoral. ¿O sólo se puede decir si algo es moral en función de la cultura: ahora sí, ahora no; aquí sí, allí no?. "En esto, como en todo, no debemos ser dogmáticos?". ¿Es éste el sentido de la cita, no? Lo deduzco de esta otra cita: "me parecería exceder la legitimidad en mis conclusiones si le atribuyera lo que él no ha dicho". Por supuesto, Anónimo no juzga: sólo discrepa.

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  11. Es bueno que nos liberemos de nuestras "tontas" intransigencias. Otra de las ventajas de la edad...

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  12. Dónde pueda yo haber dicho que sólo importa la legalidad de un hecho, y no su moralidad (o sea, para entendernos, que los nazis no merecían, ni merecen, condena alguna, en tanto en cuanto se atuvieran en su actuación a la legalidad hitleriana), es para mí, y para cualquiera, imagino, capaz de leer en español, un completo misterio. Me recuerda a aquel personaje al que se refería Larra, un cura que en sus sermones se inventaba un maniqueo estúpido para poderlo refutar fácilmente. En todo caso, es ciertamente difícil razonar con alguien que contesta no a lo que uno dice, sino a lo que a él le convendría que hubiese dicho. Yo, en cambio, me atengo a lo que él sí dice. Puesto que me critica diciendo (entre otras fantásticas suposiciones) que "no juzgo, sólo discrepo", parece obvio que él sí juzga. Y, puesto que hasta ahora no ha hablado de otro tipo de juicio que el que él mismo califica de "verdadero" y "definitivo", que tal es su actitud respecto a aquellos juicios que sí le parece pertinente hacer. Si es el caso (y que me perdone si no, pero honestamente no veo que del tenor literal de sus palabras, dejando para él el gusto por la invención fantástica, pueda deducirse otra cosa), parece obvio que no comparte la inquietud de Ángel frente a sus propios juicios de hace años. ¿Qué inquietud podría, en efecto, producir nada menos que la Verdad Definitiva? Yo, sin embargo, porque entiendo bien dicha inquietud, me reafirmo en lo que dije en mi primera nota: "hace falta algo más: aprender que nuestros juicios son siempre provisionales y mejorables, y por tanto no hacer de ellos bandera, o, peor aún, garrote. Y esto no tiene nada de "relativismo", palabra que tan poco gusta a algunos; es mera sensatez". ("Nuestros juicios", recalco. ¿De dónde habrá sacado pues mi amable contradictor que yo "no juzgo"?).

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  13. Te doy la razón, Anónimo: de relativista, nada. Muchas gracias, me he dado cuenta de que soy un cura con garrote, con gusto por la invención fantástica. Has hecho tu buena obra del día.

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  14. Yo desconozco de qué se habrá dado cuenta el amigo Cavalcanti. Si de que yo diga, por ejemplo, que una persona lleva la corbata torcida saca ella la conclusión de que la declaro nacida digamos en Rentería (o en Lucena), dicha conclusión no me es imputable, ya que nada tiene que ver con lo que yo digo; es cosa exclusivamente suya. Yo lamento repetirme, pero lo haré una vez más: "NUESTROS -o sea, también míos- juicios son siempre provisionales y mejorables". En otras palabras, es legítimo, y seguramente inevitable, juzgar de lo que llega a nuestro conocimiento; pero conviene no olvidar que, como seres humanos, somos falibles, y en consecuencia hay que dejar margen a la posibilidad de que nos equivoquemos, puesto que dicha posibilidad no es un capricho, sino una muy constatable realidad. No sé de qué modo podría explicarme más claramente; no, al menos, sin muchas palabras. Ningún juicio contiene lo que digo acerca de la persona de nadie, ni éste sería el lugar, ni yo me atrevería a hacerlo sin conocerla siquiera; por eso repito, y termino, que si alguien se siente PERSONALMENTE aludido, y saca de esa presunta alusión personal las conclusiones que bien le parezcan, no es a mí, sino a su propia imaginación, a quien debe imputarlas.

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