jueves, 25 de septiembre de 2008

KHM, Papyrus y Ephesos

De las visitas a Viena desde Bratislava me faltaba de contar los museos que vi relacionados con el mundo clásico.
La colección de antigüedades del Kunsthistorisches Museum es fastuosa, especialmente en cerámica griega. La disfruté muchísimo, los restos de escultura griega, los bustos romanos. Y ya no se me ocurre qué más decir. Mirad si queréis la base de datos de lo que tienen, como esta con Edipo y la esfinge sobre una columna:


Tenía especial curiosidad por la colección de papiros, que está en la Biblioteca Nacional Austriaca, en un ala del Palacio Imperial (y en la otra estaba el Museo de Éfeso). Es un poco timo lo de Viena, porque en tres manzanas hay como quince museos, entre los del Museum Quartier (sic), el Palacio Imperial (Burg) y el KHM/NHM: si los visitas todos te puedes gastar no sé si ciento cincuenta euros, que se dice pronto. Así que cuando me pidieron tres euros por visitar la colección de papiros me pareció una ganga. Y cuando me regalaron con la entrada un trozo de papiro actual, casi empiezo a dar botes de la ilusión que me hizo poder tocarlo -textura gruesa, entre papel y cartón- y pensar que podría enseñárselo este año a mis alumnos (qué poco somos). Y la colección, muy bonita: no sé qué os parecería ver papiros: los egipcios del Libro de los muertos (con dibujos), a todo el mundo creo yo que le tendrían que gustar, pero los trocitos de textos griegos casi ilegibles de primeras, ya entiendo que hay que ser un poco friki de lo propio para que te emocionen, por ejemplo un fragmento de 9x8 cm del Orestes de Eurípides con anotaciones musicales


Y tenían el papiro más antiguo del evangelio de san Mateo: 6x2 cm, una reliquia como para besarla, más que la de san Genaro. Y todo estaba expuesto muy bien, muy claro, con el añadido de una exposición temporal sobre vida y lectura en los monasterios egipcios del desierto, que admiraba y suspendía.
Y el Museo de Éfeso al principio me decepcionó un poco, porque en realidad casi todo eran restos de época romana, que el sultán de turno le regaló al emperador austriaco a finales del XIX, pero mereció la pena. Y tenían una maqueta increíble de la ciudad, no sé, de 10x10 metros, y el monumento a la batalla contra los partos, pasmosamente grande, os pero lo que debe de merecer la pena es poder estar en Éfeso, eso sí, como el amigo de Todo era bueno.

1 comentario:

  1. Visitar los restos encontrados en los yacimientos y ahora expuestos en los museos es un poco extraño, si has conocido los yacimientos. Las piezas descontextualizadas enmudecen mucho. Y a veces gritan cosas que no son.

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