lunes, 31 de octubre de 2005

Hubbard y Birchler



Ayer en el Centro Gallego de Arte Contemporáneo, aprovechando para ver las últimas exposiciones organizadas con Miguel Fernández-Cid de director (como lo había nombrado el PP, no puede seguir con los otros: en muchos aspectos seguimos en el sistema de alternancia de poder del XIX). Espero que quien le sustituya siga su línea, porque, si no, podríamos acabar como el MACBA de Barcelona, con exposiciones en las que para entender algo hay que haber leído a Derrida o Foucault, y no pienso pasar por eso.
Había una buena exposición de vídeos de Teresa Hubbard y Alexander Birchler, Pequeñas imágenes en la casa de la señora Owen (traduzco de los títulos gallego e inglés, a falta de uno en castellano, ejem).
Son seis y ya conocía dos, expuestos (¿proyectados?) aquí antes. En uno, se va viendo las caras de unos adolescentes de una banda de música juvenil, con la música de una trompeta de fondo, una música más o menos militar, pero muy triste. En otro una niña se pasea por el jardín de su casa, con los restos de la fiesta de cumpleaños empapados por una lluvia intensa.
Pasaba de uno a otro vídeo y me los encontraba todos comenzados, pero como los exponían (¿proyectaban?) en bucle, los iba viendo enteros, sentado en el suelo, a falta de butacas, que no ponen no sé por qué, si lo que estamos viendo son eso, vídeos: debe de ser el prurito de enmarcar los vídeos como arte de otro nivel, que no se debe mezclar con el cine. Yo me sentaba en el suelo, disfrutando de la sensación de ser moderno.
Pero el mejor vídeo lo contemplé en la Avenida de Coimbra; yo solo de espectador. Argumento: una madre joven con tres hijos; el mediano, de tres años, se lanzó corriendo por la cuesta; la acera hace una curva pronunciada: daba miedo verle, en la calle oscura, sólo iluminada por faroles y con coches pasando a su lado. Su hermano mayor -¿siete años?- le sigue a distancia y le grita para que se pare. Llega la madre con un cochecito en el que va la hermana pequeña -¿un año?- y establece contacto visual: reprimenda al pequeño, mientras la niña repetía: mal, mal, mal. El niño, parado, esperaba a su madre y el farol que tenía al lado se apagó. Me metí en casa tranquilo, con este vídeo de la realidad que tuvo un final feliz.

1 comentario:

  1. Es que la Avenida de Coimbra es un territorio sin ley, aunque qué puedo decir yo, que vivo en Basquiños... En fin, saludos, cuasivecino.

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