Este es, creo, el primer libro que leo en relación con ese mito moderno, y muy jaleado, el don Juan. El personaje lo más que me suena es de la ópera de Mozart, pero no de haberle leído ni a Zorrilla ni a nadie. Un mujeriego patológico, esa es la única idea que tengo de él.
Venía de leer la revisión que hizo Azorín de El licenciado Vidriera, así que no me sorprendió del todo que aquí haga algo parecido, un librito sobre un personaje de la literatura desde un punto de vista distinto. La originalidad está en presentarnos en el prólogo a un don Juan del Prado y Ramos y hablar de él entre las almas precitas, que busqué en el diccionario y significaba réprobas. Pero la cosa es que el tan don Juan pasa por una enfermedad y sale de ella profundamente transformado.
Con ese giro de guión ya puede contarnos la vida sencilla en una ciudad provinciana de un señor muy respetable, el nuevo don Juan. Curiosamente, añade Azorín trazos de sensualidades modernistas, pero no en él, sino en dos mujeres, una de ellas monja: parece como si quisiera hacer un más difícil todavía y jugar a burlar al lector, sin querer quedar como pacato.
Dicho todo esto, se lee con gusto este libro de 1922, con esa finura y ese equilibrio que logra Azorín tan milagrosamente.

Por Dios, ¿no has leído El condenado por desconfiado? Veinte mil veces mejor el don Juan del siglo de Oro que el romántico...
ResponderEliminarNo, tengo enormes lagunas
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