martes, 1 de septiembre de 2026

Impresiones generales de Estocolmo

Había estado hacía catorce años: guardaba un gran recuerdo. Estas tres semanas que estuve ahora me supieron a poco. Yo creo que me visualizo bien pasando los veranos en Estocolmo (y quizá también en Oslo, Copenhague o Helsinki, en ciudades grandes de ritmo reposado veraniego y temperaturas suaves).

Por destacar algunos rasgos: 

Los lloros de los niños. Las risas de los niños. Familias con dos o tres o cuatro niños.

Extrema eficiencia. Gran puntualidad. Los peatones cruzaban en rojo si no había coches. La vida fluía. 

Todo lo que se puede pagar, lo pagas. Todo se puede pagar con tarjeta y todo el mundo paga todo con tarjetas o con un sistema, Swish, similar, creo, a Bizum.

Yo no vi casi librerías. Solo una, de libros extranjeros, en toda la ciudad. También varias de segunda mano.

Parece que todo el mundo sabe inglés y lo pronuncian con gran perfección.

En los contenedores de reciclar hay uno para periódicos y otro para otros tipos de papel.

A mí Estocolmo me parece una ciudad noble y solemne. Tiene edificios sólidos y respetables. En algunos casos tiran a transformarse en un estilo nacional: parten del gótico o el barroco para terminar en unas formas primitivistas, pero sin frivolidades ni barbarismos.

Las iglesias son casi todas del XVIII. En las de la Iglesia de Suecia tienen cafés. También hacen yoga y organizan paseos. Había algunos conciertos de música. Me dio la impresión de que estaban bastante perdidos. Muy buena gente. Todo políticamente correcto, con las banderas que toquen en cada momento. Parece que hay mayoría de pastoras, cosa que no me extraña en absoluto. 

Este es el café de una iglesia:

2 comentarios:

  1. Yo no iría ni aunque me lo regalaran. Ya tuve bastante con Dinamarca. Los suecos son célebres por su carácter pasivo-agresivo, del que es buena muestra las escenas que montan con las lavadoras y secadoras comunitarias de los edificios (no es habitual tener estos electrodomésticos en tu vivienda, son colectivos). Es consecuencia del efecto del protestantismo en las sociedades: por fuera todo parece muy civilizado pero por dentro es la jungla (o el infierno...). Las pastoras, los cafés y el yoga me hacen anhelar una lluvia de fuego y azufre como aquella que se narraba en Génesis.
    Qué alegría poder leerte de nuevo a diario.

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    1. Muy interesante el comentario. El hecho es que me traté muy poco con los propios suecos, esa es la verdad. Mi visión es la de un turista en el sentido más estricto. Por cierto, que vi Sonata de otoño de Bergman y me pareció tremendo el conflicto, pero quizá sea más real de lo que pensaba yo, según lo que dices.

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