Ganamos 4-2 al parchís, pero podríamos haber ganado 6-0 o perdido 6-0, así de ajustadas fueron todas las partidas.
Del viaje a Burgos me quedo con los campos segados, mientras oía Vistas al mar, ese programa no-programa que está tan bien en la programación de verano de Radio Clásica.
No fuimos a ver nada: nos quedamos limpiando el rastrero y recuperando recuerdos familiares, sobre todo de mi padre, que ahí tenía un pequeño reino de objetos: cerámicas, libros, utensilios antiguos. Vimos muchas fotos que teníamos en la memoria solo, cuadernos míos de la escuela, papeles de mi padre.
Llegué de vuelta para la final. Me alegré de la victoria, tan difícil ante esa Argentina indignante: ¿de verdad así quieren que les recordemos, como una banda de macarras, marrulleros? Nada de señorío, nada de lo mejor que atesoro yo de ellos, Baldomero Fernández Romero, el Adán Buenosayres de Leopoldo Marechal, Les Luthiers.

Muy de acuerdo con su crónica, Ángel. Únicamente añadiría a esa lista de argentinos memorables al Papa Francisco que, por desgracia, ya no está entre nosotros. Seguro que él habría sabido poner algo de concordia y "señorío" en ese partido.
ResponderEliminar