miércoles, 20 de mayo de 2026

Vuelvo al CGAC - Lluis Hortalà

Esta otra exposición era un trabajo ingente de pintar lo que habría podido ser fotos: una pared con una chimenea, una entrada de un edificio con la puerta en medio, pero dibujado, que te da como pena del enorme esfuerzo para ... ¿qué? 

Se me ocurre una distinción en las exposiciones de arte contemporáneo: las hay WTF (what the fuck; en castizo =pero de qué van) y las hay WF (what for; en cheli, pero tanto para qué).

Esta era WF: ¿todo esto, para qué?

Poéticos los cuadros no eran. Tenían algo de titánicos. El rollito de fondo no lo compré mucho, aunque me dibujasen las puertas donde hicieron los juicios de Nuremberg y luego en el folleto de la exposición me lo expliquasen como algo fundamental.

Por ejemplo, veis lo que ocupa toda esta pared, de 3 por 6 metros, que parece una foto: pues está todo hecho por el artista reproduciendo una foto, me imagino: ¡cómo os quedáis!



Una chimenea dibujada y puesta en una pared. Os pongo primero el detalle, luego el efecto conjunto:



Ya digo, tanto esfuerzo para hacer algo que no es que sea feo, pero como que da igual.

2 comentarios:

  1. A mí personalmente sí me gustan mucho este tipo de cuadros hiperrealistas, porque me cuesta menos admirar la capacidad técnica de quien es capaz de hacer algo así que apreciar "lo que me quiere transmitir" un impresionista o un cubista con sus cuadros. Tendría este cuadro en mi sucursal bancaria antes que un Tàpies, por ejemplo. Pero también es cierto que, antes que cualquiera de los dos, tendría una foto bonita de algún río o montaña, no sé. Para gustos los artistas...

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    1. Sí, yo también lo pondría en mi sucursal bancaria antes que un Tàpies, sin duda.

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