lunes, 18 de mayo de 2026

Una reconciliación con Galicia

Lo mío con Galicia era como un contrato de alquiler: no acababa de estar cómodo, pero me valía, entre quejas. 

Hace unos días estuve en Valladolid y tuve un encontronazo que me despertó de una cierta idealización del que fue durante 11 años mi lugar de estudios universitarios y doctorado. Eso, de rebote, ha hecho que mire con más cariño el modo de vida en Galicia, no tan brusco, más secundario, no tan primario, con una delicadeza que no puedes dar por supuesta en Valladolid (estoy generalizando, aquí está por ejemplo una pequeña biografía de una gran señora vallisoletana que conocí entonces, madre de un amigo, a la que solamente recuerdo sonriendo).

El hecho es que el otro día el mero hecho de ver las rosquillas en la feria de la Alameda de Santiago me conmovió, y mira que no soy demasiado partidario de esos dulces, pero es que están en todas las ferias de Galicia y los miro ya con un poquito de cariño:

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