miércoles, 27 de mayo de 2026

Los pajaritos sabios

Esta descripción del hombre de los pajaritos sabios, del tercer volumen de Desde la última vuelta del camino, las Memorias de Pío Baroja, lo sitúa él en su época de juventud en Madrid:

Otro tipo, al cual no se le veía más que muy de tarde en tarde en alguna plaza lejana, era el hombre de los pajaritos sabios. Sin duda, era solicitado en pueblos de alrededor, y salía de Madrid y viajaba con frecuencia.
Llevaba una especie de silla de tijera, alta, donde ponía la jaula grande con sus pájaros, jaula de varios compartimientos, y al lado se sentaba él, en otra silla más pequeña, también de tijera. Era un tipo raído, moreno, chato, vestido de negro, con gorra y cara de pocos amigos; parecía un mono viejo. Solía hacer observaciones muy secas a la gente del público, con un acento medio andaluz, medio manchego, y espantaba a los chicos que se acercaban demasiado a la jaula. Cuando alguien quería saber su porvenir, cosa trascendental, salía el pajarito, generalmente verderón o jilguero, daba unas cuantas vueltas con gran ligereza, y con el pico sacaba un papel doblado de una cajita, que entregaba al cliente. El amo de la grey de los pequeños adivinadores con alas pagaba el trabajo de su subordinado con un cañamón o un trocito de azúcar (15-16).

He buscado "pajaritos sabios" y me he encontrado esta entrada de un blog sobre barracas en Barcelona (habla también de otra atracción en Barcelona parecida, pero con el rumboso nombre de "las pajaritas quirománticas"), con una foto increíble:


En otro sitio he encontrado una más centrada:


A mí me interesa la cuestión, relativamente, porque hice la tesis sobre la adivinación: una cosa era Delfos contado por Heródoto y otra los procedimientos de este tipo, con tabas, con versos fijos, con dados, para calmar, supongo, la ansiedad sobre lo incontrolable.

3 comentarios:

  1. https://novocatecismocatolico.blogspot.com/

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  2. Una de las historietas que más me gustaba escuchar de labios de mi tía cuando me cuidaba de pequeño era la de estos pajaritos, cuando los veía en las fiestas en Ribadavia. Se reía mucho contándome siempre la misma escena: la de una chica que preguntaba por su novio, que estaba acuartelado. El pajarito cogía un papel y el dueño lo abría y decía: "Leo qu..." y, sin dejarlo seguir, la chica ya lo había interrumpido gritando, maravillada, "¡EN LEÓN! ¡SÍ, ESTÁ EN EL CUARTEL EN LEÓN!"

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    1. ¡Qué buena historia! Muchas gracias, Antón. Mañana iba a poner otra cosa sobre eso y seguramente te robe esto, que es un retrato increíble de cómo querían creer lo que les contaban.

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