Tengo ya el segundo tomo del Diario de José María Souvirón, que tanto me impresionó en el primer volumen. Lo estoy disfrutando una barbaridad: es el tono, la manera de hablar de sí mismo, la confidencia serena.
Me he llevado una alegría en una entrada de 1959, cuando cuenta que está leyendo a Mallarmé, que fue un autor que con su obra en principio blasfema curiosamente contribuyó a la conversión de Claudel. Y dice:
Por lo demás, ¿qué tiene de raro? Cuando yo me convertía, me puse a leer algunos libros «devotos». Me aburrieron. Incluso algunos famosos y «venerables»- Hasta que un día me cayó en las manos (mejor dicho, me dio Jaime Eyzaguirre) unas páginas escogidas de León Bloy. Al día siguiente me fui a comulgar (Diario II, Málaga, 2019, p. 143, del Domingo 18 de enero de 1959).
Qué alegría me ha dado encontrarme a Bloy justo ahí.

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