En su Diario II (161-162) recoge José María Souvirón impresiones no literales de una tarde de conversación con Luis Rosales, Leopoldo Panero, José Bergamín y José Escassi. Hablaron sobre los Machado.
De lo que dijo Bergamín destaca: el "tremendo jacobinismo (honrado pero intenso)" de Antonio Machado y "su sentido romántico, decimonónico, de la Revolución".
En la conversación entre todos se comenta el anticatolicismo de Antonio Machado y que era "un cristiano ... hasta el Calvario": Cruz, no. También hablaron de su gran honradez "turbada solo (si acaso) por su «institucionismo»" (a la ILE la definen como hipócrita y sectaria). Critican su poesía de la época de la guerra: se le había acabado la inspiración en Baeza y la guerra no contribuyó a despertarla. Están de acuerdo en reivindicar a Manuel Machado, que "era también un gran poeta".
Acaban hablando de la generación del 27, criticando que no había amistad realmente entre ellos. Cuenta que hacen una "especie de suertes virgilianas" con Maremagnum, un libro de Jorge Guillén: "abrimos el libro al azar, barajando, y leemos sucesivamente, en alta voz. Nos tronchamos de risa con esta poesía".
En medio, José María Souvirón. A los lados Leopoldo Panero y Luis Rosales. Están saludando a Azorín.
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