jueves, 19 de febrero de 2026

Elpénor contando sus cosas

Estoy disfrutando mucho con el comentario en clase del canto XI de la Odisea. Yo ya lo había leído cuando hacía la carrera, pero es como verlo de nuevas. Me ha impresionado primero el episodio de Elpénor, que quedó muerto en el palacio de Circe y al que no echaron en falta cuando partieron navegando al mundo de los muertos. Al llegar allí, Ulises hace un agujero en el suelo con la espada, realiza libaciones y sacrifica unas ovejas. Justo entonces, mientras se arremolinan las almas de los muertos deseando beber la sangre, Ulises ve a Elpénor, que le pide que cuando vuelva al palacio de Circe lo entierre y lo llore, o más exactamente, que no lo deje ἄκλαυτον ἄθαπτον (áclauton áthapton) sin llorarle, sin enterrarle. Le tiene que hacer un túmulo funerario y plantar allí su remo, de él, un hombre desgraciado del que recibirán noticias los hombres venideros (ἀνδρὸς δυστήνοιο καὶ ἐσσομένοισι πυθέσθαι 76).

Lo que más me conmueve son los tres últimos versos, donde dice que conversan los dos, sentados, pero de Elpénor dice que, εἴδωλον δ᾽ ἑτέρωθεν ἑταίρου πόλλ᾽ ἀγόρευεν, la sombra de mi amigo seguía al otro lado sus largas razones, en la traducción de José Manuel Pabón; en la de Segalá, hablaba largamente. Eso es lo que me deja hundido, que el pobre Elpénor siga ahí, hablando y hablando, ya muerto. Pero Odiseo le deja con la palabra en la boca, porque con quien ha ido a hablar es con el adivino Tiresias. 

Mañana os pongo una cerámica que representa la escena impresionantemente. Hoy, un grabado de su entierro, que se cuenta en el canto XII:

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