lunes, 2 de febrero de 2026

El escritor de diarios. Historia de un desplazamiento de Andrés Trapiello

Este libro lo tenía que haber leído hace mucho (sí que había oído las conferencias en la fundación Juan March, que están en la base del libro), porque la reflexión sobre el género de los diarios, que me interesa mucho, nadie la puede hacer mejor que él, el mejor diarista en español de la historia (si lo ponéis en duda, decidme quién podría competir con él en eso). 

Cito aquí unas pocas claves del género diarístico:

“Un poco de sinceridad y cierta intimidad. Escribir diarios supone “una anomalía”, “una insatisfacción” (12). “escribimos un diario porque no somos enteramente felices” (21).

“Seguramente el diario literario sea el género de la modernidad, el más característico, aquel que no existía antes de ella y que puede representarla mejor que ningún otro justamente por su fragmentación y falta de sistema”. En él cabe “la anotación breve, el aforismo, la sentencia, la confidencia, la glosa, el largo excurso sentimental, el apunte de novela, el poema en prosa, la crónica” (15).

Cita de Carlos Pujol: “No se podría mostrar la intimidad sin que se inventase el disfraz de la literatura” (43).
Me interesó mucho la historia que hace del género de los diarios, aunque se queda en torno al año 75. Me gustaría mucho que continuase e hiciese ahora una historia de los diarios en España en los últimos 50 años.

9 comentarios:

  1. Mucho más interesantes que los diarios de Trapiello, que a mí me parecen falsos (él mismo dice que están novelados) y muy mediocres y mal escritos comparados con los grandes clásicos del género, sobre todo franceses (Amiel, Bloy, Gide, Léautaud, Julien Green, Claudel, Cocteau, Paul Morand, etc, etc), son los diarios de Salvador Pániker, por ejemplo.

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    1. No le discuto la intelligencia, pero Salvador Pániker me pareció demasiado pagado de sí mismo. Prefiero espigar en los de Jiménez Lozano o en los de Miguel Sánchez-Ostiz. El mejor, para mí, Andrés Trapiello, sin duda.

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    2. Perdón por la errata. Pániker me pareció entretenido, pero con ese toque elitista a lo gauche divine.

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    3. Tienes razón sobre Pániker, que fue alguien muy vanidoso, cosa que reconoce él mismo en sus Diarios, en los que habla con frecuencia de sus muchos defectos. Pero es otro nivel intelectual que Trapiello, que dice muchas cosas inexactas, por decirlo suavemente, y muchas también ininteresantes. Otro nivel intelectual pero también espiritual, la espiritualidad occidental y oriental siendo una de sus grandes preocupaciones (Pániker conoce muy bien la mística). Los Diarios de Trapiello no tienen nada de filosóficos ni de espirituales, contrariamente a los de Jiménez Lozano (que he leído enteros en la edición en 2 volúmenes) o los de Pániker. Los de Sánchez-Ostiz no los conozco. De los 5 volúmenes publicados del diario de Pániker, te recomiendo que leas "Diario de otoño", en el que cuenta los meses finales y la muerte de su hija Mónica (raramente he leído yo páginas tan conmovedoras, por no decir desesperadas). Y te aseguro de que después de esa lectura cambiarás de opinión sobre él y le perdonarás definitivamente su vanidad y su pedantería.

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    4. Un ejemplo, entre muchos otros, de lo poco que es de fiar Trapiello en sus Diarios:

      "Sonaba en la radio un motete de Wilhelm F. Bach, el mayor de los hijos del maestro, aquel en el que el padre había puesto mayores esperanzas. Sin embargo, el hijo jamás llegó a nada, llevó una vida de desorden y murió en la miseria. Durante su carrera se apropió de muchas obras de su padre, a las que puso su nombre."

      En dos frases, cuatro errores: Wilhelm Friedemann fue un excelente compositor, cuya obra no se ha acabado aún de estudiar y grabar, ejerció diversos empleos como organista, compositor o profesor durante casi medio siglo (Dresde, Halle, Brunswick, Berlin), no murió en la miseria (al final de su vida rechazó muchas ofertas de conciertos y de alumnos que querían estudiar con él) y sólo firmó con su nombre una obra de Bach (el concierto para órgano BWV 596). Y de "vida en desorden" nada: tuvo problemas a causa de su carácter especial ("imprevisible y caprichoso" dice un especialista de su obra), lo cual no significa que fuera un libertino o un anarquista.

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    5. Gracias por la sugerencia. No he leído ese tomo. Lo buscaré. En cuanto a los de Trapiello, es verdad que no se inclina a la especulación filosófica o espiritual, pero están llenos de poesía (como los de Jiménez Lozano, este sí tan espiritual), y de gracia y humor contando el día a día de su vida como escritor. Todos los franceses en la la lista de arriba son grandes escritores, sin duda, pero en sus diarios dan la impresión de querer siempre salir bien en la foto y de estar escribiendo para la historia (literaria).

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    6. Lo que dices de los diarios franceses que yo cito es cierto en el caso del de Gide, del de Cocteau o del de los Goncourt, lo cual no quita para que sean extraordinariamente interesantes (leídos integralmente y en francés, porque las traducciones españolas que yo conozco de antologías demasiado breves y hechas sin criterio alguno, son macarrónicas ). En los demás, hay de todo, y algunos son sorprendentemente sinceros, como los de Stendhal, Amiel, Bloy, Léautaud o Drieu La Rochelle (con su terrible final), entre otros.

      Uno de los problemas del diario de Trapiello es que no lee ni el inglés ni el francés, y sus ideas sobre los escritores extranjeros pasan obligatoriamente por las traducciones, en general muy malas (cosa de la que además no parece darse cuenta). Cuando ataca tan tonta como imprudentemente a Rimbaud, por ejemplo, se le nota que lo juzga sin haber tenido acceso directo a sus versos originales, que es como juzgar a Lorca o a san Juan de la Cruz leyéndolos en francés o en inglés. Cuando Pániker habla de literatura o de filosofía, se le nota que la juzga en sus lenguas originales (conoce el inglés y el francés muy bien, además del catalán y del latín - y de tener nociones de alemán y de sánscrito). Sólo ese detalle revela ya otro nivel de cultura, de juicio, de visión del mundo. De ahí que Pániker no desbarre nunca en sus juicios literarios y filosóficos, contrariamente a Trapiello, que suele hacerlo con frecuencia (llama por ejemplo al finísimo y siempre lúcido Jules Renard - cuyo Diario es uno de mis favoritos - "hombre razonable, sensato y vulgar, como un tonelero o un magistrado", lo cual es además de totalmente falso una estupidez supina, que muestra que no conoce su obra más que "de oídas").

      Aunque no todo es una historia de traducciones en el caso de Trapiello. En sus diarios abundan las afirmaciones gratuitas sorprendentemente absurdas, como ésta, sobre otro de mis autores favoritos: "Gracián es la demostración de que la inteligencia en estado puro no sirve para nada."

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    7. Creo que Trapiello conoce bien la literatura francesa del XIX y principios del XX, de Stendhal a Jammes, también la poesía italiana y la literatura catalana, así como la escrita en la América española (a veces tan alejada de nosotros, tan exótica, como la sánscrita), pero está claro que tiene sus gustos y preferencias, como todos (así, frente a tu lista de franceses-suizos, yo me inclino más por Saint-Simon y Diderot, y a ratos Rousseau, para pasar luego directamente a los alemanes). Por lo que respecta a lo que llamas desbarres, yo prefiero tomarlos como retratos impresionistas. Su valor está en que son pinceladas de autor. Claro, las tomas o las dejas. Y las que pones como ejemplos no son tanto evaluaciones de un autor concreto, como expresión de convicciones vitales propias. En fin, agradezco mucho este intercambio de opiniones y buscaré ese "Diario de Otoño" de Pániker.

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