jueves, 19 de julio de 2018

Un literatillo engreído

Esto oración a Dios por escrito de san Josemaría en unos Ejercicios Espirituales de 1934:
¡La vocación sacerdotal! ¿Dónde estaría yo ahora, si no me hubieras llamado? Sería, probablemente un abogado presuntuoso, un literatillo engreído, o un arquitecto pagado de mis obras (en todo esto se pensó, allá por el año 1917 o 1918), y quizá −si no hubieras estorbado mi salida del Seminario de Zaragoza, cuando creí haberme equivocado de camino− estaría alborotando en las Cortes españolas, como otros compañeros míos de Universidad lo están..., y no a tu lado, precisamente, porque −lo sabes bien− tomando la parte por el todo, y mejor aún, tomando lo malo de la parte, hubo momento en que me sentí profundamente anticlerical, ¡yo que amo tanto a mis hermanos en el sacerdocio! (Apuntes íntimos, n. 1748, del 17 de julio de 1934)
Según Constantino Ánchel, que es quien lo recoge, en un artículo extraordinariamente bueno sobre los directores espirituales del santo hasta 1944, esto se referiría a su primer año de seminarista, cuando estuvo a punto de dejarlo, entre otros motivos, porque quien ejercía la autoridad, un seminarista mayor que hacía de inspector, le hizo la vida imposible.

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