lunes, 7 de mayo de 2018

El clasicismo de Alfredo Félix-Díaz

Supongo que es porque me vuelvo a pasmar, cada vez que veo fotos que va poniendo Ignacio, de lo intenso que es el azul del cielo de Sevilla, pero el hecho es que me estaba acordando estos días de cuando estuve allí hace un año. Y con morriña, para qué negarlo.
En mi estantería tenía Nada que perder, el libro que me dedicó Alfredo Félix-Díaz después de asistir a la lectura de sus poemas aquella tarde. Me senté al sol de la ventana el domingo pasado y qué delicia.
El primer poema, el que dedica a su padre, ya me parecía muy bueno y que estaba con todo merecimiento en la Antología de poemas dedicados al padre de Renacimiento:
A LA MUERTE DE MI PADRE
Mi padre me enseñó que las mujeres,
el alcohol y las babas del pecado
pueden cohabitar con el amor
de un hombre por su hijo. Y ese amor,
que brotaba del caos como un loto,
es más bello y más triste que unas ruinas
y una rosa y un barco en alta mar.
Quiérelo, Dios, como me quiso a mí.
Me parece un poema muy verdadero, muy delicado, dentro de su dureza. Yo lo había enlazado inconscientemente con esa temática que usa Alfredo de la vida en la frontera, de referentes del cine negro, de ese mundo canalla de algunos poemas de Luis Alberto de Cuenca, pero justo al leerlo esta vez me di de morros con la influencia de la famosa priamel de Safo, duplicada: el amor de su padre es mayor que esos amores desordenados y ese mismo amor, que queda en el centro del poema brotado como un loto en en caos, es -otra priamel-, más bello que los barcos de la priamel de Safo, pero también incluso que unas ruinas y una rosa.
Y en ello también puedo relacionarlo con Julio Martínez Mesanza, que hizo una traducción preciosa -con variación- de esa priamel, que ya puse aquí hace tiempo. Y sobre ese orden de la priamel, que está en tantas listas de la poesía griega arcaica, os remito otra vez a lo que recogí de Faraone.

1 comentario:

  1. Gracias, Angel. En efecto en este poema no hay, concientemente, nada de cine negro, es simplemente un rezo preparado por los priameles (qué bonito y raro nombre). Lo escribí justo antes de esparcir las cenizas de mi padre y de mi tío (los hermanos murieron con pocas semanas de diferencia) en el mar. Así que lo más sáfico del poema es también biográfico. Creo que las ruinas son lo único fantasioso, ¿del cine de sandalias?

    ResponderEliminar