miércoles, 4 de abril de 2018

Las cosas estrañas

Me he terminado ya el Poema de Fernán González: una delicia.
Un detalle de los inicios (legendarios) de la vida del conde, cuando fue raptado de niño por un carbonero («furtóle un pobreciello que labraba carbón) y criado en el monte es el siguiente:
Cuando iba el mozo      las cosas entendiendo
oyó cómo a Castiella      moros iban corriendo [=persigiuiendo, haciendo razzias]:
«Valas me [=Me valgas] —dijo— Cristus,      yo a ti me encomiendo,
en coita [=cuita, penas] es Castiella      segúnt que yo entiendo.

Señor, ya tiempo era,      si fuese tu mesura [=deseo],
que mudases la rueda [=la rueda de la Fortuna],      que anda a la ventura:
asaz [=bastante] han castellanos     pasada de rencura [=sufrimiento],
gentes nunca pasaron      atán mala ventura.

Señor, ya tiempo era      de salir de cabañas,
que non so yo oso bravo      por vevir [=vivir] en montañas;
tiempo es ya que sepan      de mí las mis compañas
e yo sepa d’el mundo      e las cosas estrañas. (179-181)
¿No es precioso lo de «las cosas estrañas»? Me recuerda, por otro lado a «las ínsulas extrañas» del Cántico Espiritual de san Juan de la Cruz

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