lunes, 27 de noviembre de 2017

La ida a Baeza

Empecé el viaje como la seda por Galicia: Josquin Des Prés en Radio Clásica y luego Vivaldi.
Le hice caso a Google Maps (que soy como el Alcoyano) y pasada Puebla de Sanabria me metí por una carretera de los años de las heladas franquistas: disfruté una barbaridad los cincuenta kilómetros, a paso de burra, cruzando tres puentes con prioridad sólo para un lado de los coches: en el del embalse de Ricobayo, precioso, se medía la tremenda intensidad de la sequía. Estuve por pararme a hacer una foto, pero iba contra reloj.
Va a sonar también franquista, pero era conmovedor ver banderas de España en casas perdidas de aquellos pueblos perdidos: el efecto mariposa de las quejas por las tarifas de las autopistas en Cataluña tiene efectos así en la Siberia zamorana.
Pasé Tábara. Me hubiera gustado parar a ver la iglesia, pero tampoco. El paisaje era maravilloso, otoñal, sereno.
En esas estaba oyendo un programa de Documentos RNE sobre José María de Cossío y la casona de Tudanca. Muy bien.
Zamora a lo lejos: la Catedral la entreví.
Salamanca: también vi la Catedral, tan imponente a lo lejos.
Nunca había ido hasta Béjar y mucho memos más abajo, hasta Plasencia. Primero había dehesas, luego los montes con los árboles en todos los tonos del amarillo, el rojo y el ocre.
En Radio Clásica pusieron dos arias cantandas por Alfredo Kraus: qué prodigiosa voz templada, brillante, potente.
No hice caso de las indicaciones a Hervás, a Monfragüe, al Jerte, a Yuste, a Guadalupe. No vi ni de lejos Plasencia y en una hora me había despedido de mi primera visita en mi vida a la provincia de Cáceres, ay.
Y de Plasencia a Navalmoral de la Mata y de ahí a Talavera de la Reina: dije que estaría a las dos y media y a esa hora llegué. Mi tía -esto es así- me cebó. Me dijo que no le gustaba cocinar, ella que se ha pasado la vida cocinando.
Después de la deleitosa sobremesa, enfilé Toledo y qué estampa de la ciudad me encontré al llegar, pero tuve que dejarla de lado. Y eso sí que dolió
El perfil de Consuegra.
Pero se fue oscureciendo y la carretera se complicaba.
Estaba oyendo un programa sobre el cardenal Cisneros (no del todo logrado) y la Nacional Cuatro estaba llena de camiones adelantándose a velocidades de tortuga, creando colas horrísonas de coches. A los lados, las luces dudosas de lugares de mala pinta cada cierto tiempo.
La llegada a la provincia de Jaén fue un alivio. Con más lío del previsto, di por fin con Baeza.
Qué agotamiento. Pero quién me mandaría hacer mil kilómetros en coche. Pero que me quiten lo bailao, me respondí.




4 comentarios:

  1. Me ha gustado mucho. Te contestaré y leeré con más tiempo. Siempre concentras la cosas. El podcast ese de Radio Nacional también lo he escuchado yo, tengo bajados muchos y los llevaba en el coche para escuchar antes de todo el asunto catalán. Creo que voy a volver a hacerlo. En fin, hasta pronto, me reconozco en esas carreteras perdidas. Deleitosa, Eugene Smith.

    Un abrazo

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  2. A mí también me gusta ir por carreteras menos conocidas, aunque a veces te retrase bastante. Pero mirar es gratis por ahora, y leer los nombres de algunos pueblos, ver aunque sea desde el coche paisajes que no conoces, ir escuchando, o al menos oyendo música, es un placer.
    En Cataluña hay más banderas catalanas o esteladas que las de España que has visto, sin duda. Yo ya estoy acostumbrado pero a algunos de mis amigos no catalanes les impresiona la primera vez que las ven, tal cantidad. Les intimida, claro. Un nacionalismo despierta al otro.
    Los podcast son una solución cuando no tienes ganas de oír música ni de escuchar opiniones políticas. Tengo muchos bajados y la mayoría están bien, o al menos son correctos. El de la casona de Tudanca me llevó a leer hace unos meses "Peñas arriba", ya ves, y a mirar mapas.
    Estuvimos en Baeza hace unos años para Navidad, incluso tengo una foto en el banco de Machado, creo, al final de una calle. Al final la calidad de vida se puede medir también por la ausencia de ruidos, la calidad del aire y del agua, y por el entorno natural en el que puedas vivir. Y por la ausencia de artificios: las cosas sencillas mejor que complicadas.

    Un abrazo

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  3. ¡Qué envidia de viaje, qué envidia! ¡Qué ganas de volver a recorrer (esa) España! ¡Qué ganas de haber ido de copiloto, dándote la tabarra con todas las historietas de los lugares de nuestros muestreos que has ido atravesando, de nuestras salidas al campo, de los comentarios de los jubilados a los lugares por los que paso con el tren...! Si alguna vez vuelvo a España y te da por hacer otra matada de estas, llámame para que te acompañe...

    PD. Y qué envidia de cebe, también lo digo.

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    1. Yo me acordé de ti varias veces, al ver rapaces de varios tipos, tan panchas en varios postes. De hecho pensé: para mí todo es como ver por primera vez esas aves, todo es un "bimbo", todo son novedades, porque no reconozco ninguna.
      El cebe estuvo muy bien. Mi tía me dio muy bien de comer. Es muy maja.

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