martes, 12 de julio de 2016

En Oseira y Allariz

Comenzamos los días de viajes por Galicia con un revival mío: revisitar Oseira y Allariz, que las tenía ya en el olvido, porque el hecho es que llevo ya años aquí, que se han pasado demasiado deprisa, ay, y hay que empezar a repasar sitios.
Yo recordaba Oseira (=«Osera»; en el escudo, dos osos en un árbol) como un sitio muy verde por húmedo y con una impresionante sala capitular con columnas como palmeras. Esta vez, sí, llegamos a través de un bosque de castaños florecidos, pero a lo que salimos fue a un sol de verano que hacía brillar las piedras. Y nada de verde, lo que llamaba la atención era el rojo de los líquenes de la fachada.





Hicimos la visita guiados por una señora muy amable y con un grupo de andaluzas/extremeñas de excursión / Camino de Santiago light, muy despistadillas las pobres, pero con ganas de aprender, así que la visita fue muy entretenida. Me gustó la cabecera de la iglesia, que me recordó a Carboeiro y otra vez volví a quedarme perplejo ante la dinámica que se traían los cistercienses entre la desnudez anicónica y el barroquismo a lo grande.









San Raimundo de Fitero a caballo, matando otras etnias arriba:


San Bernardo en imagen y arriba en el lago helado:


La sala capitular de las palmeras me pareció muy pequeña esta vez. La guía nos la explicó a la platónica: que si el andrógino, que si las hipóstasis. Resultó que lo había leído en el libro de referencia. Yo así lo dejé, que no estamos como para arreglar todas las interpretaciones o inconografías del mundo, que es mucho peso para unos pocos:







Y salimos de allí y a los pocos kilómetros había un desvío al Pazo de Vilamarín, que es de la Diputación. Probamos a ver y nos encontramos un edificio muy bonito que han llenado de unos cuadros muy feos del pobre Xaime Quessada (sic):


Y de allí a Allariz. Muy bonito el pueblo, una iglesia románica en la plaza muy chula. Comimos junto al río, muy bien.

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