lunes, 4 de abril de 2016

Un curso de verano que organizo sobre «Filosofía y poesía»

Hay un tema que me interesa mucho, cada vez más, el de el valor de la poesía (o la literatura en general) respecto a la filosofía «pura y dura», tal como lo planteó Platón y tal como se ha ido replanteando a lo largo de la historia.

Por eso he organizado un Curso de Verano en mi Universidad, los días 16 y 17 de junio (jueves y viernes), al que he invitado a gente que estaba deseando escuchar. Ya os iré dando detalles.


En el último libro de Brague (A dónde va la historia, Dilemas y esperanzas, Encuentro, Madrid, 2016, 44-45), que es una entrevista larga, está hablando de cómo se valora la ciencia y se detiene en tres acepciones del término «interés»: 1. lo que atrae nuestra atención, 2. lo que nos fascina y 3.
en el sentido etimológico de inter-esse, como aquello de lo que somos parte interesada, como aquello por lo que deberemos pasar si queremos llegar a ser nosotros mismos. Las ciencias son interesantes en el primer y segundo sentidos, pero no en el tercero. No nos enseñan nada sobre lo que somos. Hasta las obras literarias raramente lo consiguen, y solamente en sus momentos más elevados. Una comedia ligera puede ser tan divertida que nos haga olvidar nuestras preocupaciones. Pero solamente una gran tragedia como Edipo Rey o una gran comedia como El misántropo serán capaces de mostrarnos el abismo de nuestro propio corazón.
Esa es una opinión típica de filósofo, que los filólogos no hemos acabado de aceptar nunca, aunque nos faltan a veces argumentos: nos quedamos en que si la «fermosa cobertura» o que qué bonito o qué emocionante tal o cual cosa. O nos gusta la literatura y ya nos basta. Eso es lo que quería discutir en el curso, donde hay filósofos y abrumadora mayoría de filólogo, pero de los 'teorizantes'.

11 comentarios:

  1. Literatura en general, no tan sólo 'poesía' como género literario. Estoy leyendo una novela de Naguib Mahfuz, El Cairo nuevo (1945), que enseña mucho sobre la experiencia de los jóvenes (pero que quizá sólo se comprende en la madurez). La experiencia literaria es un combinado de la experiencia vital del autor, y la del lector. De esa combinación nace una experiencia estética única, aunque participable, que es al tiempo experiencia vital contada o representada. Poesía y vida, o filosofía y vida. Yo tomaría esa novela de Mahfuz como ejemplar de esa relación de Filosofía y Poesía.

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  2. No estoy nada de acuerdo con lo que dice Brague. Véanse unas palabras de Eliot, que me parecen acercarse mucho más a la realidad del asunto:

    “yo no puedo leer poesía en lengua noruega, pero si me dijesen que ya no se escribe poesía en esa lengua sentiría una alarma que sería algo más que comprensión generosa. Lo consideraría un brote de enfermedad capaz de extenderse por todo el continente; el comienzo de una decadencia cuyo significado sería que gentes de todas partes ya no podrían expresar, y por lo tanto sentir, las emociones de los seres civilizados”. (Pertenece a su artículo "Función social de la poesía", de 1945, incluido por ejemplo en la edición de "Sobre poesía y poetas", de Editorial Icaria, de donde lo tomo).

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  3. ¡Qué interesante! También los hay que dicen que la filosofía es un género literario. Mucho ánimo y que salga todo bien.

    Por cierto. este curso de verano, ¿se hace realmente entre el 16 y 17 de junio, o sea, en primavera?

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  4. ojo con la experiencia, que sólo con experiencia no se pasa de abuelo cebolleta, o de joven cebolleta, que los hay y muchos. La poesía y la filosofía son primas hermanas por el asombro y, como decía Wislawa, por el perpetuo "no sé" (lo cuenta muy bien en su discurso de Estocolmo). Yo tomaría como ejemplar de esa relación entre Filosofía y Poesía a doña Wislawa. Y a don Reiner Maria, claro. Experiencia, sí: las ciudades, las noches, los hombres, los hospitales..., y extrañeza, y esa profunda intuición de la que arrancan la poesía y la filosofía verdaderas: Entonces puede suceder que en una hora insospechada, de entre todo ello, surja la primera palabra de un verso, etc.
    ¿Se podría asistir de oyente, aunque fuera de pie, a ese fabuloso curso? ¿Y qué te parecería grabar y colgar las sesiones en yutube? Sería un detallazo.

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  5. Llamar a Naguib Mahfuz abuelo cebolleta, porque escribía desde la experiencia, me parece que pasa de castaño oscuro. En el límite, la poesía misticoide del tipo de la de don Rainer María... interesa a muy pocos. Claro que, es una cuestión de elección: a quién quiere dirigirse el autor (no sólo el poeta): ¿a la minoría, siempre?

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    1. ¿La "poesía misticoide" de Rilke? En dos palabras has dicho más sobre ti de lo que podrías habernos contado en tu autobiografía.

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    2. Lo mismo digo sobre el abuelo cebolleta.

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    3. Lo que quería decir, querido, que te cabreas muy fácil, es que experiencia vital tenemos todos (y capacidad de reflexionar sobre el pasado y ver lo que no veíamos, más o menos también), pero no por ello somos todos filósofos, ni poetas. Ni siquiera novelistas.
      No cuestionaba a tu Naguib Mahfuz, no hace falta que la tomes con Rilke. Sólo decía que la experiencia vital, siendo imprescindible, no basta.
      Dicho esto me encanta Naguib Mahfuz. Y los abuelos y las abuelas cebolletas, siempre que no vayan de filósofos ni, sobre todo, de poetas.
      Y todo ese rollo de la minoría ni sé a qué viene, pero tampoco veo muchos Naguib Mahfuzes en el metro.

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  6. Un gran novelista (como ha sido Naguib Mahfuz) es un catalizador de experiencias. Que nos contemos experiencias en la barra del bar, en efecto, no tiene valor poético (tomada la Poesía en su sentido de creación de un mundo). El mérito del gran novelista es crear un artefacto poético en que podamos reconocernos todos. Mahfuz, en su novela El Cairo Nuevo, traduce sin duda experiencias vividas (recordar que la publicó con 34 años, joven), y retrata la vida de El Cairo de hace un siglo. A pesar de todo, es posible reconocernos en su relato (no quiero decir al pie de la letra), porque tiene valor universal, lo que es distintivo del genio creador.

    En cuanto a Rilke (que visitó Sevilla), ayer repasé algunos de sus poemas traducidos por Ferreiro. Se le compara con San Juan de la Cruz (no sé si con ventaja del santo). No siempre se está en el tono de leer poesía mística (no voy a decir misticoide), que también refleja algún tipo de experiencia, pero muy minoritaria, y por tanto difícilmente reconocible para muchos lectores. Eso quería decir con los muchos y los pocos. Creo que Platón tiraba (en la República) más por la poesía educativa, con preferencia a la sentimental. Hoy Platón diría que hay que leer a Mahfuz.

    En cuanto al abuelo cebolleta, se ve que en la mocedad leiste los mismos tebeos que yo...

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    1. "ayer repasé algunos de sus poemas traducidos por Ferreiro"

      Ahora entiendo tu opinión sobre Rilke.

      Un consejo: no digas por ahí muy alto que has leído a Rilke. Y si quieres enterarte de lo que dijo el amigo Rainer M. y no lees el alemán, léelo por lo menos en inglés o en francés. A luego añádele las 900 páginas de la biografía de Ralph Freedman.

      Así podrás hacerte una opinión seria sobre ese inmenso poeta y de paso decir menos tonterías sobre él.

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    2. Menudo despotismo literario. Me he querido referirme a Rilke con amabilidad. Por mí puede usted seguir leyendo los poemas misticoides de don Rainer (con biografía incluída), en alemán o en el idioma que se le antoje.

      Por mi parte, siga mi consejo, y el de Platón: lea menos poesía.

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