lunes, 25 de enero de 2016

Seré duda de Andrés Trapiello

Este último volumen de sus Diarios o Novela en marcha o Spp o Salón de Pasos Perdidos o baciyelmo ha sido una delicia leerlo, aunque creo que me ha podido la ansiedad. He ido devorando las hojas (qué alegría volver a un volumen de más de 700 páginas - y que se vayan a espigar JG y JLGM) y se me ha acabado demasiado pronto. Ha sido un puro dejarse llevar, de felicidad en felicidad. Incluso la muerte de Gaya (también, en su órbita, la de Victoria de los Ángeles), tiene al final un aire de serenidad, un carácter de continuará que hace que tampoco sea triste.
A mí me gustan mucho los prólogos de AT: aquí hay seis.
Me gusta que el libro empiece y acabe en Las Viñas, me gusta volver a oír hablar a Manuel. También leer otra vez la burla del «y no escribió más nada» y reírme todas las veces que lo dice. O encontrar aquí, varios volúmenes después, a Gimferrer, gran personaje de comedia. O que aparezca el que leía El Progreso de Lugo. Sale mucho el Rastro y es especialmente gracioso esta vez todo lo que cuenta de allí, como de los bibliófilos: esos mundos de los coleccionistas, tan curiosos para los que no somos urraquistas en eso.
Hay unas páginas especialmente emocionantes sobre unas pruebas médicas, pero este volumen es una gran comedia y tiene que acabar bien. Sabemos que no siempre es así, que seguramente no durará esa felicidad para siempre, pero nos alegramos de que en ese 2005 aquello no pasase de un susto. Es muy emocionante también un momento junto a la tumba de JRJ y Zenobia, tan íntimo.

Y la sátira, como debe ser: parcere subiectis et debellare superbos, parcialidad con los sometidos y debelar a los soberbios. Eso ha sido históricamente lo más criticado de estos Diarios. En este volumen, tan cervantino, hasta G. y M. se lo critican «homodiegéticamente». Él, franciscanamente, se da golpes de pecho, pero, mientras, va haciendo alardes malabares con las siglas, X, W, Wz o todo a la vez y de despejar o no las incógnitas. A mí siempre me pareció un a crítica muy saludable la que hacía AT. Ahora soy capaz de despejar muchas de las X. Cuando se trata de «debelar soberbios», bueno es. No estoy de acuerdo con todo, por ejemplo en este Diario lo que dice de Juan Pablo II es muy corto de miras, pero ese es un problema de su «cosmovisión», no de poner o no X. Luego, hay unas páginas sobre un Congreso de Cervantistas en la Autónoma de Madrid que son supremas y descacharrantes. Con unas cuantas así, quizá empezásemos a hacer algo serio en esos tenderetes universitarios.

Es un libro especialmente cervantino y tiene un montón de capas: el diario original de 2005, el libro de 2015, las anotaciones de 2015 a la «transcripción» de ese diario, las menciones al blog de 2015, la preparación de un programa de Esta es mi tierra, que yo vi hace años, pero que en el libro de 2015 aparece en sus preparativos: todo se acaba confundiendo en un batiburrillo brillante. No me extraña que la PMD (o CMD) se subleve con AT, que se lo pone tan difícil en ese juego supremo entre realidad y ficción. Así no hay quien haga un artículo apañado para una revista hispánica guiri.

De los relatos de viajes, dos cumbres, Marruecos y Rumanía. Luego los que hace por la piel de toro con sus «bolos», preguntando a todo el mundo, como Cervantes, su novela, también están muy bien.

Los paisajes tal como los describe siguen siendo muy hermosos. Este de León en Navidades (706):
Nos levantamos temprano. Subimos por la ribera del Torío hasta Pontedo, y cruzamos luego por la collada de Valdeteja, para bajar por la ribera del Curueño. los árboles sin hojas, robles, chopos, negrillos, hayas, los prados verdes sin ánimo y el humo de las cocinas sin pujos. He ahí todo el paisaje, con el río a un lado siempre, un río con aguas tan frías que bajan mercuriales y duras. Aguas de color negro, pero muy limpias, de la pura nieve de la montaña. La helada de la noche había dejado los prados y montes todo blancos y el sol del mediodía no se veía capaz de devolverles la vida. Las vacas que pacían en los prados apenas podían encontrar otra cosa que no fueran cristales de hielo. Se calentaban el morro con su propio aliento. En algunos ventisqueros y cunetas quedaba nieve de una nevada reciente.
Y una palabra que me apropio: «catastrofear», que es ponerse a hablar con otro sobre lo mal que va todo. Otra parecida, «hipocritear»: conversar haciendo como que uno no se ha dado cuenta de algo que todos saben que sabe.

Y ahora, dejar pasar unos meses para volver a leerlo otra vez.

3 comentarios:

  1. Esperaba con gran curiosidad tu reseña de 'Seré duda' para saber si te había gustado tanto como a mí. Es curioso que El País no haya publicado ninguna, que yo sepa. Me pregunto si es por lo que se cuenta de la tormenta en el vaso de agua que fue la farsa de la salida del crítico E. en Babelia. Cada vez caen más abajo y descubren nuevo suelo. Has acertado plenamente con la adscripción cervantina, tanto por lo que respecta a la materia como a la forma. No es un libro triste, pero creo que de todos los diarios es el que tiene una mayor presencia de la muerte. Aparte de la de RG o Victoria de los Ángeles, me impresionaron las páginas dedicadas al asunto del mastín, a la preocupación por la salud de los seres queridos. Pero todo eso se compensa con sainetes escacharrantes como el de las aguas subterráneas en Las Viñas o el congreso de la Autónoma. Preciosos los viajes. Yo también quiero volver a leerlo pronto y se lo recomiendo a cualquiera que quiera iniciarse en estos tomos, que creo no es necesario en modo alguno coger desde el principio. 'Seré duda' es la mejor introducción posible a esta serie que, claramente, con cada entrega son menos diarios y más novela. Trapiello no es duda en la mejor alineación posible de la literatura española de los últimos veinticinco años.

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  2. Sí, qué bueno es y qué alegría que tenga tantas páginas. Y encima se le ha pasado la tontería de usar la * (tod*s).

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  3. Voy a encargarlo, tengo un cheque regalo de mi hijo y nuera, y llevo más de un mes pensando en qué libro emplearlo, canjearlo.

    Un abrazo

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