viernes, 8 de enero de 2016

Casi dos días en Lisboa 16 (MNAA 2)

Ya dije que visité el MNAA al revés, empezando por las salas del arte más reciente; vi primero el paisaje nevado de Courbet (que puse el otro día) y en la siguiente sala me paré ante un cuadro de Luca Giordano, El éxtasis de san Francisco:







Era conmovedor, o a mí me lo pareció. Daba verdadera piedad (o lo que a mí me pareció piedad de verdad). El que carga con el cuerpo me recordaba a un filósofo de La escuela de Atenas, de Rafael, pero eso es lo de menos: la lección de los grandes barrocos de la blancura de la muerte del cuerpo de Cristo (yo me acordé de Ribera en el Thyssen) estaba bien aprendida. Hay una grandísima serenidad en ese conjunto.
El cuadro fue propiedad de Carlos IV, que gracias a esto ha subido un montón en mi estimación y hasta me he olvidado de su cara campechana en los cuadros de Goya (nuestro Campechano de ahora a lo más que llega en arte es a Antonio López, ay). Lo heredó su hija, Carlota Joaquina (vaya pájara).

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