martes, 8 de diciembre de 2015

San Juan de Ávila sobre la misericordia

Dícenos nuestro Señor:
-«La prueba que te pido de mi amor es que ames a tus prójimos, ora sean buenos, ora sean malos».
Cuanto más paséis en le amar, tanto más huelga Dios de ello. ¿Quién habría de cuantos hay aquí (poco digo), si me fuese a lugares de malas mujeres y dijese a la más mala, o al más mal hombre que hobiese en el mundo:
-«Catad que está Jesucristo a esta puerta desnudo y muerto de frío y pidiéndote que le abrigues»; qué mala mujer habría que no fuese luego y de lo que tuviese le arropase y lo metiese en su casa y le diese de comer? Pues muchos hay ya, aunque no son logreros ni malas mujeres, que ven estar un pobre a la puerta desnudo y muerto de hambre y de frío, que representa a Jesucristo, y no se rebullen por ello, ni le dan aun de lo que les sobra en su casa.
Respóndenme a esto: -«Si yo diese de comer a Cristo o lo hobiese de vestir, hacerlo hía yo. Si vos, Señor, me habéis menester en algo, hacerlo he yo».
-«Yo no os he menester, mas tengo un amigo en tal parte, que lo tengo en mi mesmo lugar. Lo que por aquél hiciéredes, haced cuenta que lo hacéis a mí; y así lo recibo yo como si a mí se me hiciese».
-«Eso, Señor, no lo puedo yo hacer».
Dice Dios: «yo tengo unos hijos que los quiero muy mucho, y lo que por cualquiera de ellos hiciéredes, haced cuenta que lo hacéis por mí. Yo lo recibo de la manera que si por mí se hiciera». Porque el amor de Dios es amor ancho: Latum mandatum tuum nimis

[la última cita, del Salmo 118,96 -.es un pasaje de sus Lecciones sobre 1 Jn (1)]

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