miércoles, 2 de diciembre de 2015

Las grullas

Alguien me recordó ayer a las grullas, a propósito de las zarzas. Luego, leyendo los Trabajos y los días de Hesíodo (qué grandísimo libro), me las encontré de golpe (448-51):

Estate al tanto cuando oigas la voz de la grulla que desde lo alto de las nubes lanza cada año su llamada; ella trae la señal de la labranza y marca la estación del invierno lluvioso. Su chillido muerde el corazón del hombre que no tiene bueyes.

La traducción es de Aurelio Pérez Jiménez, que en nota comenta que debe de ser por octubre.
Muerde el corazón del hombre sin bueyes el hecho de no poder arar, claro.

Esto es el texto griego, con mi traducción muy literal:

φράζεσθαι δ᾽, εὖτ᾽ ἂν γεράνου φωνὴν ἐπακούσῃς
ὑψόθεν ἐκ νεφέων ἐνιαύσια κεκληγυίης,
ἥτ᾽ ἀρότοιό τε σῆμα φέρει καὶ χείματος ὥρην
δεικνύει ὀμβρηροῦ· κραδίην δ᾽ ἔδακ᾽ ἀνδρὸς ἀβούτεω·

¡Atender! cuando de la grulla la voz te llegue
desde arriba, desde las nubes, cada año chilladora,
que de la arada señal trae y del invierno la hora
señala, lluvioso: el corazón muerde del hombre sin bueyes.

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