jueves, 31 de diciembre de 2015

Casi dos días en Lisboa 13 (Museo Gulbenkian 9)

Me quedaba todavía medio museo, pero lo más importante ya lo había visto. Todavía quedaba una sala, con un della Robbia bonito (pero a mí, como que bueno, vale) y unos tapices que hasta a mí me parecieron una maravilla, de Giulio Romano, de ángeles juguetones. Aquí, algunas fotos de detalle [mejores, en esta entrada. Y datos técnicos, en la web del Warburg]:










A continuación venía un espacio muy grande de arte francés: era como para dejar con la boca abierta, pero yo ya había visto a Rubens, ya estaba feliz y no le hice el caso que debía: había muebles fastuosos, pintura de grandísima finura, centros de mesa de plata, relojes en funcionamiento. Es prodigiosa la colección de arte francés del XVII-XVIII que tienen. Pero tendré que verla despacio en otra visita.

Y los ingleses: mi querido Gainsborough, a pesar de su monotonía. Los de Turner del mar que ya puse.

Había una sala dedicada a Guardi, qué bien.

Me hizo gracia encontrarme dos cuadros, uno de Millet y otro de Monet, justo al poco de leer la entrada de Adviento.org sobre los impresionistas y la nieve. Me reafirmé en que no me gustan ni Monet ni Manet. La última sala, dedicada a Lalique, la pasé con cierta fatiga: ya tanta curva caprichosa me superaba.

Pero qué delicia el Museo Gulbenkian. A ver si puedo volver a visitarlo pronto. Mientras, podéis echarle un vistazo a la gran entrada que le dedican en Viajar con el arte.


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