martes, 22 de septiembre de 2015

Otra vez en la Colegiata de Toro

Una mañana nos acercamos a Toro. pasamos por la Colegiata, pero con prisa, que íbamos a visitar un convento, pero yo quería comprobar de nuevo que el pórtico gótico no le llega a la altura de los zapatos al Pórtico de la Gloria. A la gente le gusta, pero a mí me rechina por todas partes:









Lo bueno es que descubrí la portadita de atrás, esa sí con muchísimas influencias de nuestro Pórtico:





Todo esto lo vimos en tres minutos, que teníamos que ir al Convento ya.

5 comentarios:

  1. No es así como yo tiendo a ver las cosas. El Pórtico de la Gloria es una maravilla; el de la Colegiata de Toro, que sólo conozco por fotografías, no llega evidentemente a tanto, pero está realmente bien si uno lo mira en lo que es. Y de eso se trata, pienso yo, y no sólo en este caso.

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    1. Supongo que eso me pasa por plantear una afirmación así, de forma brutal, por cierto espíritu de contradicción que a veces me domina.
      Lo que quería decir es que veo un mundo de diferencia entre los dos pórticos. El de Santiago tiene una delicadeza, unidad, armonía, profundidad tan grandes que cuando lo comparo con este de Toro, más episódico, de colores que ahora tiende a parecer chillones, con figuras un poco deformes, con un exceso de elementos, entonces es cuando me sale compararlos de esta manera tan maniquea.

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    1. Ya sabía que esto iba a ser polémico. A ver si por fin podemos volver a ver el Pórtico de la Gloria y comparamos.

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    2. Desde mi punto de vista, volvemos a lo de antes. Cuando uno pueda ver el Pórtico de la Gloria, podrá disfrutar de él (que bien lo vale), pero de ninguna manera el de la Colegiata de Toro, que ni está allí ni tiene nada que ver con el asunto. Es otra cosa. Y la mejor (la única sensata, diría yo) manera de verlo y apreciarlo es por sí mismo, en lo que es, no en lo que presuntamente le falta para ser otra cosa. Porque no es otra cosa, ni falta que le hace.

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