jueves, 24 de septiembre de 2015

La condesa Marisa

[Me voy a la provincia de Soria, os dejo esto, hasta el lunes]

Lo de «La condesa Marisa» suena a título de album infantil o a horterada tipo Sissi emperatriz, pero el hecho es que un día en Radio Clásica, justo antes de empezar una transmisión desde Bayreuth, pusieron, para hacer tiempo, al protagonista de la ópera, Klaus Florian Vogt, cantando de esa opereta de nombre terroríficamente dulzón, de Imre Kálmán Koppstein: Grüß mir mein Wien (Saludad a mi Viena). Y llevo tiempo oyéndola y me gusta mucho, aunque mientras la oigo se me aparecen señoras austriacas jubiladas balanceando la cabeza al ritmo de la canción, en algún hotel decadente de Benicasim en pleno diciembre:



Luego vi que había una versión del grandísimo Fritz Wunderlich, también muy bonita:


Os pongo el texto, para cantar a la vez:

Wenn es Abend wird, wenn die Sonne sinkt,
wenn der Geige Lied von der Puszta klingt,
sitz ich oft allein hier bei dem Glaserl Wein,
denk, wie schön wär's, bei euch jetzt zu sein.
Wenn der alte Mond dort am Himmel thront,
mild herunter scheint, sag' ich, 'Prost mein Freund',
lieber Mond, unterbrich deinen Lauf,
hör' mir zu, denn ich trag' dir was auf:

Grüss mir die süssen, die reizenden Frauen im schönen Wien.
Grüss mir die Augen, die lachenden blauen im schönen Wien.
Grüss mir die Donau und grüss mir den Walzer im schönen Wien.
Grüss mir die heimlichen Gässchen, wo Pärchen des Abends heimwärts zieh'n.
Grüss mir mein singendes, klingendes Märchen, mein Wien, mein Wien, mein Wien.

Wenn der Abendwind in den Bäumen singt
von der schönen Zeitder Vergangenheit,
wenn im Geist vor mir ich die Heimat seh',
wird ums Herz mir so wohl und so weh.
Wenn du wiederkehrst, wenn du heimwärts fährst
ind das liebe Land dort am Donaustrand,
wo ein Kranz grüner Berge dir winkt,
wo die lieblichsten Lieder man singt:
Grüss mir...

1 comentario:

  1. Esa música vienesa de fin de siglo y principios del XX, es una delicia. Esas operetas, como La Viuda Alegre o esta Condesa, no digamos, ya en otra división, El Caballero de la Rosa de Strauss (Richard) quizá fueron los últimos coletazos, junto a los valses de Strauss (Johan y familia) en los que la música “clásica”, de calidad, era todavía popular y tarareada por la gente, antes de introducirse en los caminos de la atonalidad y demás experimentos que lo apartaron del público común y se disoció definitivamente, este pasó a escuchar la música pop y todo lo demás del siglo XX, que ya es otra cosa.

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